martes, 25 de julio de 2023

Puentedey


No sé si el río es el dueño del puente o si es la roca la que posee al río y también al pueblo. O quizás sea este último el que se adueña del río con su arco pétreo.
Más bien acierto si digo que es una amalgama bien conjuntada de puente, río, pueblo, construidos como un prodigio entre naturaleza y gentes. 
Así se asienta Puentedey sobre el agujero labrado por el río Nela a través del tiempo. Tan tranquilo encima del agua rumorosa y sin dudas acerca de la fortaleza kárstica que aseguran sus cimientos.



Fue esa seguridad la que permitió levantar la iglesia de San Pelayo, de traza románica original (con un interesante tímpano donde se observa el enfrentamiento entre un guerrero y una serpiente) y la mansión torre de los Brizuela, familia con cargos honoríficos en la zona, quienes la edificaron entre los siglos XIV y XV, guarnecida de dos contundentes torres defensivas a cada lado, dominando ampliamente los alrededores. Uno de sus miembros tuvo también el privilegio de ser capitán de la guardia personal de Felipe II, así como el solemne encargo de la educación del príncipe Felipe y de la infanta Isabel. 





Al recorrerlo, se observan curiosidades etnográficas como un molino, un potro de herrar y una hornera, patrimonio que atestigua el pasado laborioso de sus habitantes. Otras curiosidades se podrían observar en las fiestas patronales (finales de junio) con pasacalles y visitas a las casas del pueblo, “Fiesta de andar las casas” le dicen. Muy apropiado al lugar es la Cucaña, celebrada en pleno verano bajo el puente, en la que los participantes tienen que coger el premio colocado en la punta, suponemos que debajo los acogerá bien el agua, aunque nosotros no le vimos demasiada profundidad para tal juego. Eso sí, un pescador lanzaba su caña a la espera de coger algunas truchas, tan concentrado en su labor que ni nos vio pasar ni falta que le hacía.



En la parte trasera del pueblo se acondicionó hace poco un mirador, desde el que se aprecia una excelente vista, siendo elegido en 2022 como Pueblo Bonito de España. A 90 km de Burgos, en la comarca de Las Merindades, Puentedey es uno de los lugares a visitar en esta frondosa comarca, repleta de iglesias románicas, cascadas, ríos y arroyos, eremitorios, monumentos megalíticos y rincones idílicos. 



 Texto y fotos, Virginia

 

 

lunes, 24 de julio de 2023

¡No pasarán!

Una imagen captada en un pueblo de la Península, por suerte se ha quedado como un símbolo.
Celebremos que los tiempos cambian a mejor y que ese banco se pueda pintar con los colores del arco iris sin que se atrevan a retirarlo.



Texto y foto, Virginia

martes, 18 de julio de 2023

Ensueño




Hay un niño que canta en medio del prado. Es una melodía extraña, de otros tiempos y otros lugares. Las lejanas colinas azules arrullan su voz, y ciervos, ardillas y pájaros se detienen medio dormidos, figuras entre hierbas y ramas. 

El niño canta bajo un sol aún tímido y el mundo de alrededor luce gris frente a su canción indescifrable, venida de lejos y de antes.

El niño canta y las notas se convierten en nubes que acarician a los pájaros, las ardillas y los ciervos. Luego, unos y otras emprenden un vuelo sutil y nacarado, mientras el niño, como un mago cansado de sus prodigios, se acurruca al pie de cualquier árbol.


Texto y foto, Virginia

jueves, 13 de julio de 2023

Inconveniente

 

Enmarañados en sus rizos de oro, 

les fue imposible levantar el vuelo.





Texto y foto, Virginia

Pozas calientes en Prexigueiro, Orense

 

Un charco, sea caliente o frío, 

siempre regala felicidad.



sábado, 1 de julio de 2023

Atracción




Me quedé a un paso de revolcarme en la tierra, como una perrita traviesa o un cachorro de jabalí. 

Impregnarme del olor, salir de allí polvorienta y roja. Por un rato, ser parte de las semillas, las piedras, las hierbas incipientes. Acompañada de grillos, escarabajos, mirlos y gorriones, saltamontes, mariposas titubeantes.

Entrar en un cuadro, pintado sin ambiciones por la siempre generosa Naturaleza. 



Texto y foto, Virginia

(Campos en Las Merindades de Burgos)


jueves, 29 de junio de 2023

San Pantaleón de Losa

 


Una nave rocosa se alza sobre los campos, a punto de despegar. Se liberará de la raíz donde está afianzada, y como un zepelín sin aire, sólo tierra, piedras y algunas florecillas silvestres, volará al infinito. Encima, la ermita de San Pantaleón aprobará este vuelo, después de ocho siglos años esperándolo. El santo no irá dentro, no, hace tiempo anda por los cielos.



Tal parece el farallón donde gentes antiguas levantaron la ermita en su honor. Adaptada perfectamente a la inclinación del suelo, domina un vasto panorama de campos, montes, riachuelos, pueblos apiñados con callejuelas empedradas.
Estando allí, nos resulta imposible imaginar la construcción de la ermita, a comienzos del s. XIII. Tan imposible como su permanencia sufriendo vientos, nevadas, lluvias, veranos inclementes.



Todo por un joven mártir, nacido en Turquía y perseguido por ser cristiano. Cuentan que en tiempos de Diocleciano sufrió seis martirios, sin que ninguno le hiciera renegar de su fe, ni siquiera llegaran a afectarle, ya fuera plomo derretido, ahogamiento, o colmillos de fieras, siendo finalmente decapitado.


La simbología de las figuras que adornan el templo, aparte de las usuales en el arte románico (ajedrezados, arpías, serpientes, ménsulas con animales monstruosos), se ve aquí aumentada por una decoración inusual y muy extraña, inexistente en ninguna otra iglesia de esta tipología. Unas caras enmarcadas en rectángulos y más abajo, unas piernas que asoman igualmente. No logran los estudiosos comprender el significado, sugiriendo diferentes teorías al respecto.






La ermita sobrecoge por su situación cuasi celestial, a punto de zarpar, bien enfilada la proa montañosa, encastrada una en la otra, compañeras fieles en guerras, epidemias, romerías, celebraciones, cánticos y rezos.


Despegará algún día, y en ese vuelo se irán los misterios que no hemos logrado desentrañar, ocultos significados que se llevaron quienes grabaron en los arcos y columnas unos cuerpos incompletos, encerrados para siempre en la piedra.





Tan lejanos en el tiempo y tan cerca de nosotros, cuantas veces incapacitados para entendernos y relacionarnos, dentro de nuestra apariencia satisfecha.




Es muy posible que esos rostros se nos parezcan más de lo que creemos y que la ermita de San Pantaleón esté allí aguardando nos reflejemos en ella y en sus símbolos, antes de partir definitivamente en su barco de roca. 




 Texto y fotos, Virginia

 (Cuarta foto, de la red)