Ha oído un leve murmullo y se asoma a la ventana, quizás haya sido algún gato furtivo o un lagarto deslizándose por el alféizar. La niña se queda quieta un momento y ve como las ramas de los árboles se abrazan, momento epifánico que nadie creería, sólo ella, que es capaz de observar en el silencio de la naturaleza, gestos reservados a unos pocos.
Texto y foto, Virginia