sábado, 23 de mayo de 2026
domingo, 17 de mayo de 2026
jueves, 7 de mayo de 2026
Abstraída
viernes, 1 de mayo de 2026
Reflexión
Durante horas, el equilibrista recorre el alambre. Abre una pierna, luego estira otra. Se agacha, salta, gira, alza los brazos. Hasta que no cae, no aprecia la levedad de su ejercicio. Es ahí, en el suelo, cuando quisiera ser pluma de cualquier ave, punto en los élitros de una mariquita, cola de un vencejo.
Sin esfuerzo, el poder del vuelo.
Texto y foto, Virginia
martes, 28 de abril de 2026
Coreografía
Cuando Isadora Duncan llegó al cielo, las nubes danzaron para ella.
Un baile que sólo se ve de vez en cuando, según como sople la música del viento.
Texto y foto, Virginia
lunes, 20 de abril de 2026
Soplo
Me senté allí donde seguramente muchos se sentaron antes, quienes con coraje y convicción defendieron su territorio, sus costumbres, su forma de vida.
En la Fortaleza de Ansite sopla la brisa y nos trae un rumor antiguo y difícil de comprender. Hemos de pegarnos a las piedras para que nuestro corazón palpite con ellas y así podamos percibir algún mensaje que vuela con esa brisa y se posa en el basalto de Ansite.
Poniendo atención veremos cabras y a un niño pastor que las cuida. Un anciano apoyado en un bastón. Dos mujeres guardando cebada en uno de los graneros del risco. Quizás aparezca un guayre, notable y destacado en el poblado.
Cuevas escarpadas, un santuario en lo alto, pasadizos al borde del precipicio, oquedades tapiadas donde depositar los cuerpos ya mirlados. Alguien muele en un molino rústico y otros suben con agua del barranco, en odres bien seguros.
Ese es el rumor que la brisa, en su paso leve, deposita en las piedras. Y yo alcanzo a oír, a ver, a discernir que trae consigo las vidas que ya no están pero que han dejado su huella en la Fortaleza de Ansite, el último refugio de los canarios ante el asedio de las tropas castellanas.
Texto y foto, Virginia
domingo, 12 de abril de 2026
miércoles, 1 de abril de 2026
Reflejos
Por más que me empeñé, el espejo no me devolvió ni un pequeño retazo de que alguien se hubiera mirado en él. Me había pasado otras veces, pero ahora fue imposible, hube de recomponer algo de aquellas gentes a través de vasos, platos, asientos, maderas sucias. Sólo la luz me envió una señal, que lo dejara todo tal como lo había encontrado. Me fui de puntillas.
Texto y foto, Virginia
domingo, 15 de marzo de 2026
Inutilidad
El soldado sacó la bandera blanca.
De entre las filas enemigas se oyó una voz:
- ¡No sirveee, está suciaaa!
Y continuó la batalla.
sábado, 28 de febrero de 2026
Antojo
Preferí quedarme en el camino acariciando las piedras. Me susurraban tanto, que soñé a su vera. Lo mejor fue que, al despertar, volvieron a contarme cosas aún más hermosas.
Así que me quedé allí. Y me hice musgo, flor, lagartija, trozo de roca, gorrión, nubecilla a ras de tierra.
Texto y foto, Virginia
jueves, 19 de febrero de 2026
sábado, 14 de febrero de 2026
domingo, 1 de febrero de 2026
Milagro
Durmiendo bajo tierra, pacientes hasta lo indecible, las semillas aguardan su momento. Pueden esperar años y décadas sin desmoralizarse. Cuando llega la lluvia y penetra en sus diminutos cuerpecillos, ocurre el prodigio. Se hinchan, toman fuerza, de la nada sacan raíces, tallos, brotes y, al fin las delicadas flores que nos ofrecen generosamente. Los campos antes yermos de Fuerteventura, brillan con los pequeños soles de relinchones y corazoncillos, el lila de los alhelíes o el añil de la viborina. Al pie o en las laderas de las antiguas montañas, la floración es un prodigio que emociona.
Las gavias, otrora marrones, se pueblan de verdor. Los barranquillos se olvidan de la arena y lucen con lo mejor de aulagas y matorriscos. Hasta los volcanes parecen reverenciar las simientes, transformadas ya en un manto de verdor que cubre el paisaje. Fuerteventura, matriarca isleña y sabia, vuelve a asombrarnos sin pretensiones de grandeza, únicamente con el poderío sencillo de las flores silvestres.
Texto y fotos, Virginia
Gato XIV
Siempre sabio, mi gato me observa con displicencia. Seguro piensa en las razones de mis inquietudes, cuando la vida puede ser tan sencilla. Sólo echarse al sol, comer, dormir enroscado y, a ratos, jugar enloquecido. No entenderá cómo no aprendo de su vida gatuna, pero la verdad, es que me cuesta mucho.
Texto y foto, Virginia


