jueves, 29 de septiembre de 2022

Argucia


A la tejedora le encantan las frutas y sus colores. El verde de los kiwis, el rojo de las fresas, el naranja brillante de la papaya. Le encargaron un libro sobre el arte de tejer y tuvo el fascinante ingenio de coser porciones de frutas en las páginas. El libro chorreaba un zumo denso y luminoso, de urdimbre perecedera y aromas del paraíso. 


Con qué aguja lo realizó es un misterio.





Texto y foto, Virginia

martes, 27 de septiembre de 2022

Huellas

Las relaciones comerciales entre Inglaterra y Canarias vienen caminando desde hace siglos, pero nunca imaginé encontrar algún rastro en el techo de una vieja casa abandonada, en el sur lejano de Tenerife.




Texto y foto, Virginia

lunes, 26 de septiembre de 2022

 Sombras de fiesta



viernes, 23 de septiembre de 2022

Cuevas de la Audiencia

Gran Canaria, con su espléndido abanico de restos arqueológicos, nos regaló hace unos días la visita sorprendente a las Cuevas de la Audiencia, también nombradas como Cuevas del Pósito.




En un risco colgado sobre la carretera Agüimes/Santa Lucía ya se perciben unos huecos que llaman mucho la atención. Hemos de subir desde dicha carretera durante unos minutos hasta llegar a la entrada (por la parte trasera y al parecer abierta más recientemente), atravesar una galería y alcanzar así la primera sala con multitud de cavidades, una columna central y una gran abertura desde la que se divisa el encantador pueblo de Temisas. 






Tanto en este primer espacio como en otro contiguo (al que se accede subiendo una pequeña rampa), se observan decenas de oquedades de distinto tamaño destinadas a la conservación de cereales, sobre todo cebada.

Un granero colectivo de los antiguos canarios ubicado en el Risco Pintado y que, junto a cuevas de habitación, un horno, un tagoro y restos de huertas, conformaban un importante poblado aborigen.




Impone mucho transitar por estas dependencias, donde algunas cámaras fueron abiertas en el piso, silos de respetable tamaño que imaginamos serían el lugar perfecto para el mantenimiento de los productos que en ellos se depositaban.




El conjunto proporcionó en su momento innumerables restos (fibras vegetales, semillas, trozos de cerámica, morteros, alisadores), muchos de los cuales figuran en el Museo Canario de Las Palmas.


Una visita tan recomendable como emocionante.



Texto y fotos, Virginia

martes, 13 de septiembre de 2022

City Palace (Udaipur, Rajasthan)


 

El Palacio de Udaipur, al borde de un lago y todo él como de cuento, es de una riqueza fabulosa. Innumerables salas con espejos, alfombras, decoraciones exuberantes, pinturas, balaustres, ventanas de troqueles primorosos, columnas doradas, miniaturas, techos barrocos, diosas, elefantes y pavos reales por aquí y por allá, jardines, fuentes y balcones desde donde los gobernantes lanzaban monedas a la gente que esperaba por tal acto magnánimo.





Iniciado en 1559 por el Maharana Udai Singh II, fue ampliado por sus sucesores a lo largo de 300 años, resultando un complejo inmenso de  estructuras a cuál más deslumbrante, unos once palacetes todos de granito y mármol.





Como contraste, en varios de los patios se observa un rústico sistema para apagar el fuego, seguramente de tiempos pretéritos o quizás la certeza de sentirse ajenos a las catástrofes. Lo cierto es que los cacharros vacíos ostentan una atrayente dignidad, letras blancas sobre fondo rojo, equilibrados y simétricos, orgullosos frente al lujo y la ostentación.



Texto y fotos, Virginia

 

domingo, 11 de septiembre de 2022

 Cuando la luz lo dice todo.





Foto,Virginia

jueves, 8 de septiembre de 2022

MI gato (VII)



Dice mi gato que basta ya de publicar sus cosas, que él no es youtuber, ni instagramer ni tiktoker, que quién me ha dado permiso para hablar de la vida gatuna que lleva, ni de si tiene los ojos de un color o de otro. 

Con esta bien expuesta reclamación, he tenido que buscar nuevos recursos.



Texto y foto, Virginia

Gato en pared, Zadar, Junio 2019


domingo, 4 de septiembre de 2022

 


Un guiño de alegría frente al deterioro.


Texto y foto, Virginia


domingo, 28 de agosto de 2022

Ensueño

Le atraen las casas viejas, con puertas y ventanas desguarnecidas, calderos sin asas, platos desportillados, láminas incoloras donde se adivinan lejanos lagos suizos, zapatos sin pareja.  Una enredadera sorteando las tejas rotas, un viejo camastro de patas oxidadas, trozos de azogue por los suelos entre papeles húmedos y arrugados.

El colmo de la fascinación le llega ante la cortina ajada, capaz aún de ahuyentar las moscas, suavizar la luz, esconder intimidades.

Imagina entonces que alguien descansa dentro, esperándola, indemne al tiempo, al polvo, al dolor.





Texto y foto, Virginia

miércoles, 24 de agosto de 2022

 A la espera del futuro se le fue el presente.



Texto y foto, Virginia

Volcán de Tajogaite



La Naturaleza, generosa como acostumbra, sorprendente por encima de nuestras expectativas y estoica hasta extremos insospechados, hace reverdecer pinos, morales e higueras sobre los campos negros de la erupción.






Cuando todavía la temperatura es altísima a pocos metros del suelo y en muchos sitios hay peligro de gases, el verdor de los árboles brilla sin mácula, mientras en la cúspide, los tonos azufrados, amarillos y blancos adornan la erupción más reciente de Canarias.

El sendero que conduce hasta el mirador del Volcán de Tajogaite cubre ahora de arena lo que fueron huertas, pastos, viñas, árboles frutales, cuartos de aperos.  Sobrecoge la fuerza telúrica que subyace bajo nuestros pies y nos conmueve el daño pavoroso de las lenguas de lava sobre casas, ganado, huertas, estanques, caminos.



Sin embargo, ahí van brotando los verdores insólitos, esperanza sobre la oscuridad.



 

(Gracias a Néstor, guía oficial del recorrido y a Mercedes Castellano Fariña, de “Candelaria Life & Trekking, por la excelente organización)



Texto y fotos, Virginia

viernes, 19 de agosto de 2022

VOCES LVII


 

¡Vaya un chico relajiento, pos no iba dejando un corazón en todas las puertas! 


Acotéjese, le decía la madre, no ande perniando por alguien que ni asunto le pone, no me sea tolete.


Pero el amor, ya se sabe, cuando se allega a uno, no hay donde guarecerse. Esmorecido, esguañado, siempre mirando pa' los celajes, esperando verla aparecer con un baifito en los brazos, un balde de leche recién ordeñada o recogiendo ropa de la liña.



Lo que no sabía nuestro zangalote es que también ella se hacía gofio al ver las señales amorosas. Tantos corazones causaron su efecto.




Texto y fotos, Virginia

 

 

miércoles, 17 de agosto de 2022

Artificio




Alrededor de la mesa se reúnen una vez al mes. 

Creen conocerse, discuten de gustos literarios, cinéfilos, gastronómicos. 

Sobre viajes, relaciones amorosas, tendencias políticas. 


De las soledades de los otros, ninguno sabe nada.

 


Texto y foto, Virginia

 

 

Recorrido






Estuve en las casas de Teresme, en las de Aponte y en el cobertizo de Abache. Pasé por Iserse, por Tafada -pura Anaga- y por Talavera con sus eras sombreadas. Me fascinaron los pedruscos del camino a Lomo Corto y el horno como una nave espacial mirando al mar en Pino Redondo.




En todo había olvido y desolación, piedras arrumbadas, tejados rotos. Allí donde en un tiempo hubo vida, gritos de niños, balidos de cabras, conversaciones acerca de lluvias, siegas, casorios y mucha escasez, solo queda una atmósfera aún tibia, donde flota el sonido de un fechillo, el escorrozo de los lagartos entre los matos, un tintineo lejano de esquilas, el leve goteo de un manantial cerca del barranco.







Estuve en Ifonche y Las Lajas, Los Malejos y Los Granelitos. Me entretuve en la ancestral Tagaragunche, en Seima y Contreras, Cuevas Blancas, Magro, Tacalcuse bajo el roquedal volcánico.

Todos esos lugares me vienen a la memoria, en un revoltillo ocre y terroso de cal y tea, paredes húmedas, techos abiertos al cielo.




Será por esos huecos por donde escapó la vida, esa que añoro cuando

visito lugares perdidos y que, sin embargo, me regalan una parte de lo que huyó tiempo ha, logrando aprehender algunos retazos. Hilos sutilmente urdidos que circulan por la sangre y bombean en mi corazón. 

Por eso estuve, por eso volveré, por escuchar el eco de un eco de un eco silbando tenue entre mis pasos.




Texto y fotos, Virginia



martes, 9 de agosto de 2022

Conclusión

¡Te dije que no caminaras tanto!

¡Pero si solo he dado treinta y un pasos!


Da igual, ya tenemos una edad y no estamos para muchos trotes.









Texto y foto, Virginia

sábado, 6 de agosto de 2022

Cansancio

 

Harto de su papel de bueno, 

el cielo se largó al infierno.





Texto y foto, Virginia

sábado, 30 de julio de 2022

Al calor del Arte


Aún lo cuento y yo misma lo dudo. Tres vagabundos durmiendo tranquilos en la sala de entrada a la Galería Nacional de Washington, calentitos, protegidos del frío invernal. 

Bajo los retratos de los mecenas Andrew Mellon y Samuel Kress, sin que nadie se los impidiera, dormitaban los tres hombres, con un sueño tan sereno que no nos atrevíamos a sentarnos cerca por no despertarlos. De los dos vigilantes en la puerta tampoco sabíamos si velaban su reposo, si esperaban para avisarles del fin de la comodidad o si, simplemente, veían más a los visitantes que a ellos.


La Galería Nacional de Washington guarda una historia conmovedora. Su promotor, el banquero, coleccionista y filántropo, A. Mellon, quedóse prendado de la National Gallery londinense y se propuso hacer algo parecido en su país. Con esa idea, y el proyecto del arquitecto John R. Pope, la edificación se empezó en 1937, abriéndose al público cuatro años después, cuando ya habían muerto tanto el mecenas como el arquitecto, lo cual no fue obstáculo para que se finalizara tal y como la habían proyectado ambos. 

La generosidad de la familia Mellon (pues tanto la hija, Ailsa, como el hijo, Paul, continuaron comprando y donando obras de arte) es un caso ejemplar en la historia de los museos. El fundador tenía el convencimiento de que el arte es un bien que debe ser asequible, gratuito, abierto, no queriendo asimismo que el museo llevara su nombre.  Con dicho empeño, se dedicó a comprar más obras de las que ya poseía -muy valiosas y en gran número- para reforzar, ampliar e impulsar las donaciones de otros ricos coleccionistas que, como él, apoyaron rápidamente tal labor filantrópica.

Figuras clave del arte universal se dan cita en sus salas: Fra Angelico, Botticelli, Leonardo, Rembrandt, Vermeer, Tiziano, van Eyck, van der Weyden, Velázquez, Masaccio, Chardin, Goya, El Greco, acompañados de una extensa, imprescindible lista de artistas, desde la época bizantina hasta la actualidad, como Gauguin, Rothko, Cezanne, Georgia O’Keeffe, Mary Cassat, Louis Bourgeois, Joan Mitchell.


Arropados entre cuadros de valor incalculable, los vagabundos, ajenos a las riquezas, el coleccionismo y cualquier otro signo de poder, dormían plácidamente bajo las miradas complacientes de financieros, ricachones y negociantes, quizás en la certeza de que el verdadero arte, la vida auténtica viene de la calle, aunque los pinceles, el óleo y la trementina no sean su fuerte.


Texto y fotos, Virginia

Abril 2008

jueves, 28 de julio de 2022

Tesón



¡Toca algo más divertido!
¡Nos tienes hartos!
¡Cállate de una vez!
¡A ver si te mudas!

Lourdes no acababa de acostumbrarse a los insultos y gritos de los vecinos. Eran tan opuestos a la delicadeza de las notas, al sonido rumoroso del arco sobre las cuerdas, que no concebía tamaños despropósitos. 
Su pecado tenía que ver con el violonchelo y la vecindad se lo echaba en cara una y otra vez.
Acabó yéndose, con ella se fue la Música.

Por si volvía, dejó el instrumento. 

Allá toca el oboe. 



Texto y foto, Virginia

(Ventana emplomada, Beguinario de Lovaina, Bélgica)

 

miércoles, 27 de julio de 2022

El yaguareté


Me reconforta saber que en casa tenemos un bicho pariente lejano del mayor felino de América.


He descubierto al majestuoso yaguareté esta madrugada mientras mi gato dormitaba, acurrucado cerca. Tan soberbio aquél y humilde éste, y sin embargo, comparten rasgos comunes. No se echaría nunca el yaguareté al filo de la puerta ni jugaría a cazar las plumas de una caña, no. Cazador solitario, caminante incansable, amigo del agua, de colmillos como taladros, el yaguareté está gravemente amenazado.





¿Cuántas cosas hemos hecho mal (y en ello seguimos) para que un animal de tal hermosura acabe extinguido?


Abejas, gorriones, tigres, tiburones, mariposas, elefantes. A todos ellos, pendientes de un hilo, se sumará el yaguareté, belleza andante, moteado de flores.




Mientras reflexiono sobre la no-naturaleza de los humanos, mi gato me observa con ojos de ébano y oro, debe conocer de antiguo a uno de sus ancestros. Yo vengo a enterarme hoy mismo, a las cuatro de la mañana.




Fotos del yaguareté, de la red

Texto, Virginia


 

miércoles, 20 de julio de 2022

Kotor, en un recodo del Adriático

Fue un capricho, sí. Pero no tenía otra forma de visitar Kotor estando relativamente cerca, porque, ¿cuándo volvería por los alrededores?

Así que apalabramos un coche con conductor que nos llevó desde Duvrobnik, recorriendo kilómetros de carretera al borde de las Bahías de Tivat y Risan, en el Mar Adriático, hasta entrar en el Golfo de Kotor, que, como un lago en calma, escondía en una esquina la hermosura medieval con la que llevaba mucho tiempo ilusionada.




Antes de eso, entramos en Perast, coqueto enclave con dos islotes cercanos muy llamativos, pues poseen sendos edificios religiosos que, al ocupar todo el terreno, parecieran flotar sobre el agua.  En uno se ubica un antiguo monasterio benedictino, y en el otro, un santuario dedicado a la Virgen de la Roca. Perast es pequeña, pero con mucha historia, alcanzando gran riqueza y honor debido a la protección de Venecia, que la necesitaba como punto (entre otros) de resistencia frente al dominio otomano. A pesar de su reducido tamaño, entre sus estrechas calles se adivina un gran número de iglesias y palacios.






 


A pocos más de diez kilómetros se encuentra Kotor, sorprendente villa de trazado medieval rodeada de mar y extensas murallas, unas fortificaciones que permanecen intactas, como intacto continúa el reloj de la torre desde el s. XVII (al menos es lo que nos cuentan), el Palacio Ducal o la Catedral Ortodoxa. Entre callecitas, arcos, túneles y plazuelas, se desperdigan también restaurantes, cafeterías y tiendas de antigüedades que abastecen sobre todo a los turistas que desembuchan los cruceros.





¡Ah, los cruceros! Se deberían prohibir todos los que con su tamaño descomunal parecen tragarse las ciudades, tan cerca de ellas y tan amenazantes. 

El día que llegamos una nave inmensa atracaba en el diminuto puerto, y si hubiera abierto las fauces, a buen seguro hubiera desaparecido Kotor, tan indefenso éste como monstruosa aquélla.

Por suerte, llovía a ratos y se veían pocos cruceristas, si acaso algún perro en un portal contemplando el devenir de las nubes en el cielo gris. Bastante más abajo del cielo, las murallas de Kotor ascienden en su busca, escalones y escalones hasta la Fortaleza de San Juan desde donde se disfruta de un fantástico mirador, después de haber pasado puertas, un puente levadizo, gruesos muros, fosos, torreones.

 



En el interesante Museo Marítimo se observa la relevancia del lugar durante el dominio veneciano. No solo se construían barcos, sino que abundaban las profesiones de marineros y navegantes, aspectos todos que contribuían a afianzar el poder que la Serenísima ejercía en el Mediterráneo entre los siglos XV y XVIII, tiempos brillantes y de infinitas riquezas.




La villa de Kotor es Patrimonio de la Humanidad desde 1979. Mientras la recorremos, se comprende esa honrosa denominación. En cada esquina late el Medievo, y quisiéramos ver una dama en un balcón, algún afamado capitán de navío entrando en la Plaza de Armas o un paje camino de cualquier palacete.

Es lo único que faltó para completar mi capricho.




Texto y fotos, Virginia