domingo, 8 de mayo de 2022

Divertimento


Si la vecindad supiera que cada tarde juega con el compañero ideal. No discute, no bebe, nunca se equivoca dando las cartas. En la casa más tenebrosa del condado, la anciana Rose comparte mesa con un antiguo inquilino. 

Transparente, silencioso, de facciones delicadas, jugando al mus el fantasma es un fiera.




Texto y foto, Virginia

 

martes, 3 de mayo de 2022

Erque y Erquito, La Gomera


La existencia del topónimo Erque - con sus variantes Erques, Erquito, Herques- está asociada a profundos cortes en el territorio, tanto en Tenerife como en La Gomera. En la primera, el vasto cauce que separa Adeje de Guía de Isora, y también el que divide a Güimar de Fasnia, muy conocido desde antiguo por haber albergado la mítica Cueva de las Mil Momias, referencia ineludible en el estudio del mundo guanche.

En La Gomera, el barranco de Erque marca uno de los espacios más impactantes de la isla, por su profundidad y grandioso paisaje. Parte ya con altanera personalidad desde el centro de la isla, por una cara de la Fortaleza de Chipude, hasta desembocar en La Rajita. En las laderas, se posan los caseríos de Erque y Erquito como aguilillas seguras en su territorio, por más que nos cueste entender las razones de ese posado milagroso. Y es que es el agua, líquido primigenio, el motivo elemental para vivir y existir en estos lugares tan apartados. 

Los nacientes que vienen de los umbrosos montes gomeros, alimentaron una agricultura de terrazas que hoy se nos presenta admirable. Dio también el agua la posibilidad de que crecieran árboles generosos como el moral, que regalaron sus hojas para alimentar gusanos de seda. Sí, en Erque y Erquito - indudables topónimos aborígenes- se trabajó la seda, algo impensable si no es que nos lo cuentan las crónicas. En rincones de extrema lejanía, hubo telares y gente que elaboraba delicados paños que, quiero pensar, no usarían para moverse subiendo y bajando cuestas, regando con métodos elementales, pastoreando entre riscos mareantes. 




Las gentes que han vivido en Erque y Erquito en sus modestas casas de piedra poseían agua, cereales y árboles, frutales, cabras, pero estaban casi aislados entre los riscos imponentes, la hendidura  profunda y, por debajo, en el veril de la costa abrupta, el océano como un manto azul. Precisamente fue la benevolencia de los manantiales boscosos el motivo de un litigio entre el poder y los campesinos, en la primera mitad del siglo pasado. El primero, queriendo adueñarse para sus propiedades del regalo de la Naturaleza. Los segundos, en la consecución de sus derechos consuetudinarios, no en vano usaban el agua desde tiempos antiguos, tanto para regar las huertas como fuerza motriz para unos molinos rudimentarios existentes en ambos caseríos. Como suele pasar, el pleito se resolvió más a favor de los ricos que de los humildes, con lo que tuvieron menos agua de la que necesitaban para sus cosechas. Es por esa razón (aparte de las sequías en varias temporadas) que el valle se fue despoblando y el precioso palmeral, parejo al de Tazo, retrocedió notoriamente.


Hay que acercarse a Erque y Erquito por una carretera sinuosa de trazado alucinante para vislumbrar casitas, pajeros, paredes y el trabajo ímprobo del campo, en forma de escalinata hecha de piedras, tierra y vegetación. Allí siguen, posados como rapaces al filo del abismo, una estampa sobrecogedora imposible de olvidar.




Texto y fotos, Virginia


Por fin vieron la luz mis "99 variaciones en torno a la barra", un libro largamente pensado y escrito del que publiqué en este blog algunos textos hace ya años.

99 micros que suceden cerca de cualquier barra de cualquier bar en cualquier lugar, precedidos por un sentido prólogo de Patricia Nasello.

No puedo estar más contenta del rato, con palabras del editor (Angel Morales), lectura de un fantástico texto de Juan Yanes acerca del libro (leído inmejorablemente por mi amiga Fina G. Palmas) y con un final musical a cargo de Toño y Edmundo, rockeros de antiguo.

Gracias al Regia Comedy que nos cedió su espacio y a varias amigas que me han apoyado en esta travesía, como Ana García-Ramos, incansablemente tenaz. Miles de gracias. Siempre.






viernes, 29 de abril de 2022

Error

 

Por elegir el camino de las sombras 

acabó perdido.




Texto y foto, Virginia

jueves, 28 de abril de 2022

 La primavera no sabe de abandonos.




Texto y foto, Virginia

jueves, 21 de abril de 2022

John Cheever, Cuentos Completos


No tenía ganas de volver a casa ni andando, ni en coche ni en autobús. Rodeado de copas, risas y frases formales, sentado al borde de la piscina, añoraba su tiempo de nadador. ¿Y por qué no ir nadando hasta su casa? De piscina en piscina, brazada a brazada, el agua le componía el puzzle de su vida.

 

Heredas una cómoda, la colocas en el mejor lugar de la casa, pones encima tus libros favoritos, cuentas su historia a todas las visitas y la contemplas cada tarde mientras saboreas un whisky. Poco a poco, de sus cajones van saliendo todas las personas que tuvieron algo que ver con ella.

 

La pareja que asiste a cócteles y fiestas entre la vecindad, no puede mantener una asistenta de forma continua, todas saben dónde guarda el dueño las bebidas. Y la niña también.

 

En un pueblecito costero de Italia, una familia americana disfruta del sol, del mar y de la hospitalidad. Pero el padre esconde algo que no le deja saborear la atmósfera mediterránea, un pensamiento recurrente, quizás una mentira, un pequeño pecado, un reflejo falso en el que no se reconoce.

 

Un crucero, dos hombres, una mujer. Un trío que es un dúo, un dúo que tampoco lo es. El mar, la brisa que trae efluvios de pasión, el deseo transformado en envidia, la carcasa de nuestros huesos en el horizonte.

  

Una radio, una radio monstruosa. Tan viva, que se comunica con las viviendas de los vecinos y nos trae a casa sus conversaciones, sus peleas, los llantos del bebé, los jadeos en la noche y el ruido de las cerraduras después de las fiestas.

 

Espléndido John Cheever, sus Cuentos hablan de la clase media americana en los años cincuenta y sesenta, con detallismo de entomólogo, crudo, pero no exento de humor y con un lirismo cautivador. Cócteles inevitables, sutiles borracheras profundas, familias aparentes, homosexualidad oculta, fachadas de cartón para una sociedad engranada entre el trabajo y las normas sociales. La ropa se lava en casa y las grietas de cada uno se cubren educadamente, podando los setos y en un salón cómodo con un bar bien surtido.

 


Texto, Virginia

miércoles, 13 de abril de 2022

Zen

Allí estaba el rincón ideal, un lugar donde quedarse viendo el paisaje. Así, tal cual, un espacio intacto para su contemplación.




Texto y foto, Virginia