viernes, 1 de mayo de 2026

Reflexión

Durante horas, el equilibrista recorre el alambre. Abre una pierna, luego estira otra. Se agacha, salta, gira, alza los brazos. Hasta que no cae, no aprecia la levedad de su ejercicio. Es ahí, en el suelo, cuando quisiera ser pluma de cualquier ave, punto en los élitros de una mariquita, cola de un vencejo.

Sin esfuerzo, el poder del vuelo.





Texto y foto, Virginia