viernes, 10 de abril de 2009

Ciudad en blanco y negro


Ya no está la casa que pintaba el niño.
De improviso, ha surgido una ciudad.
Líneas de edificios grises, todos con puertas y pomos.
Un árbol enorme y frondoso crece al borde del asfalto.
El sol sonríe ante la ingenuidad de las farolas.

Una niña dibuja la ciudad y sabe de qué está compuesta.
Aunque no vive en ella, conoce sus formas y colores,
quiere pensar que las manzanas también crecen allí.

Una niña dibuja la ciudad.
Con pocos trazos nos mete dentro,
a punto de cruzar la calle.
Tal vez necesita que cojamos las manzanas
y se las entreguemos a la luz del sol y de las farolas.


Dibujo de J. L., 6 años

jueves, 2 de abril de 2009

Desnudez

Se desnuda la montaña
y en su oquedad de fuego y lava,
nos muestra un cuadro.
Esculpió el volcán
su redondez de seno
y la incandescencia se hizo piedra.
Serena y lánguida,
la montaña se desgaja.
Nos entrega trozos de roca
como páginas de su historia.

Sueño compartido

En la Galería Nacional de Washington, acompañados por los retratos del Sr. Mellon y otros artífices generosos y visionarios del museo, duermen los vagabundos.
Me acomodo en una esquina y entre la ternura del sueño compartido y lo incomprensible de la situación, duermo unos instantes.
Vigilan nuestro sueño los rostros aristocráticos de aquellos americanos que supieron entender lo que era contribuir al crecimiento de un país, llenando de arte las salas de un edificio cuya entrada se basa en el Panteón de Roma.
Y en ese ámbito de arte y riqueza, los vagabundos reposan tranquilos y cálidos, en sillones de cuero, rodeados de cuadros, alfombras, lámparas de araña y controles de seguridad.
Después de Vermeer, Leonardo, Giotto, van der Weyden y Giorgione, Matisse y Rothko, me tumbo en un sofá y me siento tan acompañada como si estuviera en mi propia casa.

sábado, 28 de marzo de 2009

Un banco

Me senté. Sola.
El horizonte era una tímida línea entre el cielo y el mar.
En la franja marina se desplazaba un navío.
Las paralelas del banco, perpendiculares a la tierra, al agua, al horizonte.
¿Era así la vida?
¿Líneas que se cruzan?
¿Trazos que se encuentran casualmente, que chocan y desaparecen?
Ante la imponencia de la naturaleza, la vida se nos revela ínfima y delicada.
Sola, sentada frente a un océano, cualquiera de ellos,
la inmensidad del mar y el cielo únicamente,
sola, digo, contemplaba el resplandor sereno de la vida.

sábado, 21 de marzo de 2009

Will Eisner, un genio

Las portadas de Spirit me descubrieron otra manera de hacer y ver el cómic.
Cuando en mi época de amor insoslayable por las viñetas, los globos, las historietas, los colorines, descubrí a Will Eisner, supe que el abanico se abría mucho más al ver sus arriesgados encuadres y sus tomas de cines. Entre las luces y las sombras de la noche, las alcantarillas, los malos y los buenos, las vampiresas y los vagabundos, un genio trazaba las historias de la vida y de las ciudades, con un dominio y un humor que me capturaron sin remedio.

domingo, 15 de marzo de 2009

Leer, leer, leer

Cuando la literatura te cautiva, sientes que algo en ti se expande, y no quieres, y a veces tampoco puedes, dejar de leer. Así, cuando encuentras algo como este trozo de "Todos los
hermosos caballos" (Cormac McCarthy), quedas ya prisionera de ese espacio, de esos personajes...

"; montaba más que bien, erguida con sus anchos hombros sobre el caballo al trote por la cuesta del camino. El mesteño se había detenido, indolente, en el camino con las manos separadas y él la siguió con la vista. Casi había intentado hablarle pero aquellos ojos habían cambiado el mundo para siempre en el espacio de un látido. Desapareció detrás de los sauces del lago. Una bandada de pequeñas aves remontó el vuelo y pasó por encima de él con débiles llamadas."

sábado, 14 de marzo de 2009

Niño y casa

Era un niño que pintaba una casa.
Con decisión y premura, rellenó el papel.
Le quedó una casa fuerte, un poco feroz,
humanizada con ojos y boca.
Entre los trazos rojos negros,
algo se adivina, algo se intuye.
No sabemos qué casa pintaba
la que no le gustaba,
o aquella con la que soñaba.
Una casa de cuento o una casa real.
Una casa para compartir o una casa para olvidar.
Entre rojos y negros, un niño pintaba una casa.
Los huecos están abiertos,
nunca sabremos, si como el hombre de Bacon,
son para salir o para entrar.


Dibujo de G. G., 5 años