sábado, 4 de diciembre de 2021

Petra

 


La magnificencia de la ciudad de Petra es de tal calibre que abarca mucho más allá de contemplar la prodigiosa fachada denominada El Tesoro. Antes de eso, hay que recorrer un desfiladero de más de un kilómetro y observar en él las conducciones de agua a ambos lados, el pavimento en varios tramos, hornacinas para ofrendas o  bajorrelieves con diferentes simbologías.



Cuando acaba este cañón majestuoso y nos tropezamos con la bellísima portada recortada en la roca, aún nos queda mucho por ver. Tumbas, oquedades, escalinatas, dinteles labrados, una columnata romana, un antiguo árbol de pistachos junto al ninfeo. El Gran Templo a dos niveles de losas hexagonales, una iglesia bizantina, el espléndido teatro excavado en la roca granate, un santuario imponente, cuadrado y de altos muros. A lo lejos, bien alto, el Monasterio, edificación a la que hemos de llegar después de un arduo camino.



No queda aquí la cosa, todavía nos esperan las Tumbas Reales, un conjunto deslumbrante de huecos enormes embellecidos con portales que a pesar del deterioro por el tiempo y la erosión, no dejan indiferente. En la piedra labrada juegan a compás el trabajo humano y el de la Naturaleza, para sorprendernos con azules, rojos, negros, grises, amarillos, blancos. Una oleada de colores en techos, paredes, portadas, columnas, resultado del paso del tiempo sobre la arenisca.


Y si este despliegue de belleza nos apabulla, podemos solazarnos con los beduinos, sus burros y camellos que nos acompañarán todo el tiempo, envueltos los primeros (a pesar del calor) en ajados abrigos y chaquetones, mientras los pobrecillos animales esperan a que algún turista aproveche sus cuatro patas para aliviar el camino.


Los beduinos, habitantes de ese espacio durante largo tiempo, ya no se asombran de los que les rodea, para eso estamos nosotros, quienes vamos a Petra como en una peregrinación necesaria.


Una peregrinación de la que saldremos enriquecidos a la par que mudos. Muchas veces  las palabras no llegan a explicar toda la belleza. Es lo que pasa en la ciudad de Petra.


Texto y fotos, Virginia