A mí, nubecilla errante y desarraigada,
¿me aceptarán estos muros cálidos entre sus brazos?
A mí, nubecilla errante y desarraigada,
¿me aceptarán estos muros cálidos entre sus brazos?
Te esperaré hasta que caiga la última flor, le dijo.
Uf, vaya un antiguo, pensó ella, no vuelvo seguro.
Y así lo hizo.
De él no sabemos más.
Texto y foto, Virginia
Con la creatividad de mi amiga Tesa, que ha realizado una delicia con dos fotos publicadas hace poco, LES DESEO UNOS DÍAS SERENOS, TIERNOS Y CON LA GENTE QUE QUIEREN, FELIZ NAVIDAD.
Que el año próximo traiga paz, justicia y bien para quienes más lo precisan. Ojalá así sea.
(un regalo encantador, gracias, muy querida Tesa)
Huecos por donde alguna vez se colaron mariposas, una araña tendió su tela y dos vecinas echaron una charla.
Quizás escapó un chico para ir a la verbena y en el alféizar durmió un gato, entre macetas con geranios.
El hueco por el que una estudiante miraba el cielo, embelesada con las Pléyades, Sirio y Casiopea.
Seguramente en alguno se orearon mantas y colchas, de aquellas que iban vendiendo los portugueses de casa en casa. Por donde una madre se alongaba llamando al almuerzo, mientras las cortinas de batista se movían livianas con la brisa.
Y las moscas, ah, las moscas, esperando entrar por cualquiera de ellos, como ahora, que vienen a importunarme mientras escribo cerca de una ventana, tan parecida y a la vez, tan distinta.