sábado, 29 de julio de 2017

Despaisajes

Despaisaje XLI

De pronto, ¡zas, alguien diferente!
Por suerte, las flores no tienen prejuicios.



Despaisaje XLII

No pide la piedra grandes deseos, solo sueña con ser morsa y sumergirse entre las olas.



Texto y fotos, Virgi

lunes, 24 de julio de 2017

Protocolo


Por pura formalidad, quedaron a merendar. 
Nadie llegó, la mesa sigue a la espera.



Texto y foto, Virgi

jueves, 20 de julio de 2017

Desazón





¿Y quién creerá en la lámpara de Aladino, 
si han tapiado los deseos?



Texto y foto, Virgi

lunes, 17 de julio de 2017

Despaisajes

Despaisaje  XXXVIII


Es el viento, que todo lo puede.




Despaisaje XXXIX

Se confabulan las flores frente al verano, quizás consigan alguna victoria.





Despaisaje XL

Sin hilos y sin que nadie pedalee, se cose el paisaje.



Texto y fotos, Virgi

domingo, 2 de julio de 2017

Despaisajes

Despaisaje XXXV

A la voz del viento, los trillones de granitos de arena, organizados como centuriones romanos, se unen para construir dunas sensuales, doradas al sol.





Despaisaje XXXVI

Harto de su papel de bueno, el cielo se largó al infierno.




Despaisaje XXXVII

Postre de la casa: Tiramisú de tosca y nubes.



Texto y fotos, Virgi

viernes, 23 de junio de 2017

Despaisajes

Despaisaje XXXII

De un día a otro desapareció la plata; les costará a los mineros encontrar su disfraz sobre las piedras.






Despaisaje XXXIII

De su cita con la luna, solo quedó la luz de las farolas.




Despaisaje XXXIV

Seca la ciénaga, salieron a la luz frágiles osamentas; allí escondía el flautista a los ratoncillos.





Texto y fotos, Virgi

domingo, 18 de junio de 2017

VOCES XXIV




Lo veíamos con frecuencia apalancado en el quicio de la puerta, alabancioso y echón con el que pasaba, pues con tal de conquistarse a los clientes, no se andaba con chiquitas. Era un viga el hombre, con los ojos vidrientos y a veces hasta velillo, sobre todo cuando andaba metido en conversaciones que no fueran las de su venta o las cosas del barrio.
Vendía sifones (de aquellos que había que devolver la botella), lonas, jabones Lagarto, cigarros sueltos, aceitunas al peso, y un vinote medio aguachirre, con unos pocos de chochos pa’ condutar. Si le daba la venada, igual nos regalaba unos manises ya viejos, fríos y duros que daba miedo. Un punto zorrocloco, detrás del mostrador bien restregado de lejía y dispuesto a pagarnos una poquedad por cualquier pequeño acarreto que le hiciéramos, ganas nos daban de darle un variscacillo apenas, de la rabia que le teníamos. Un día cogió tremendo airón y abrió la venta con las bembas hinchadas a más no poder, bien nos reímos, se le viraron las tornas en esos días que le duró la hinchazón, el jocico parecía de un cochino empinado. Lo veíamos abobancado, como si el negocio fuera ahora un enjergo duro de llevar. Pero no le duró mucho, le rezaron por si era maldiojo, le dieron unas agüitas de llantén con pasote y se le pasó el mal trago.




Texto y foto, Virgi