domingo, 10 de mayo de 2015

Paisaje




"Llegué a la Escuela Graduada La Zarza en septiembre de 1973 y la dejé en julio de 1989. Dieciséis años fecundos donde mi vocación de maestra se afianzó y creció hasta una pleamar gratificante, donde las olas, vivas, poderosas como nuestro océano y dulces como sólo se puede ser en la infancia, fueron los niños y niñas que me han hecho escribir estas semblanzas. Existen en mi mente y en mi corazón otras muchas, que me acompañan igualmente. Gracias a todo ese grupo de criaturas, a sus familias generosas y a un paisaje ya para siempre en mi piel y en mi alma."


Así comienza el libro que he autoeditado como un regalo a toda esa gente que, después de décadas, aún me tienen consigo. Cuando empecé a dar clase no pude jamás imaginar, que este trabajo llegara a ser una parte irrenunciable de mí .Y aquí dentro, girando y girando, vibran esos niños y niñas que, casi un día sí y otro también, aparecen en mi vida.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Leer, leer, leer (XXIII)

Tendría unos ocho años y mi madre nos hizo socios (a mi hermano y a mí) de La Ballena Alegre, que nos surtía periódicamente de libros, sellos, revistas. Ya por entonces iba yo padeciendo  el comienzo de la fiebre lectora que fui desarrollando a medida que nos llegaban libros, más lo que con cualquier motivo nos regalaba la familia, y en otros casos, los que leía furtivamente de la biblioteca de mis padres y hermanas mayores.


Leía unos y otros en un diván o en la cama, con la tranquilidad de hacerlo correctamente; algunas veces,  de pie y con prisa, así como al despiste, para que no me viera mi madre con don Juan Tenorio o Veinticuatro horas en la vida de una mujer; también, haciéndome la dormida los domingos y con el libro bajo las sábanas; otras veces, en la azotea donde costaba que me localizaran.
Así, unas con normalidad y otras en secreto, iba leyendo Vidas de animales, colorines de El Cosaco Verde, El capitán Trueno y Pulgarcito, novelas de Zane Grey y J. O. Curwood, Stefan Zweig, Lajos Zilahy  y hasta me pegué, entre pecho y espalda, con once o doce  años, Los Miserables y  Lo que el viento se llevó.
Llegó más tarde el frenesí de mis hermanas mayores por el boom sudamericano y como ahí ya leía sin control, devoraba lo que ellas iban leyendo: G. Márquez, V. Llosa, Cortázar, Donoso.
Escritores de alcurnia que iban también de mano con Mafalda, tiras de dulce y lúcido pensamiento.



Ese de afán lector aún lo conservo, no continuo y compulsivo, como por épocas me dominó, sino algo más sosegado. Eso sí, he de compartir varios títulos a un tiempo para sentirme contenta. 
Ahora mismo tengo al extraordinario Patrick Modiano con su La calle de las tiendas oscuras; el delicioso Castle Rock de Alice Munro, (regalo perfecto de Reyes Vaccaro),  que casi he terminado; un muy británico Christopher Morley  y La librería encantada;  El Profesor, de F. McCourt, tiernísimo, realista y sincero relato de sus años de enseñante en diversos institutos americanos.  
Y del Club de Lectura del que hago de coordinadora, El hijo del acordeonista, de Bernardo Atxaga: añoranza de la tierra y represión franquista en el País Vasco, mientras vuelan las mitxirrikas.







No quiero olvidar  un nuevo ejemplar de Blacksad, otra de mis aficiones durante años, el cómic (o “colorín”, en canario), con el que tanto aprendí, puro cine sobre papel, un verdadero arte, aunque muchos no lo aprecien así.

Con este paisaje, mar y montañas de letras, personajes y vidas, me envuelvo en una manta y disfruto a placer. 
Y por si no vuelvo en varios días: 
                                                              ¡Felices Fiestas!



domingo, 7 de diciembre de 2014

Perseverancia




Escalador contumaz, Papá Nöel no se inmuta ante los huecos cerrados.
Ajeno a la desilusión de las plazas, del rumor triste de las calles, de las correas que pretenden guiar nuestros pasos, se empeña en mantener la esperanza.



 Fotos y texto, Virgi

viernes, 28 de noviembre de 2014

Efervescencia



Sube al tranvía, va casi vacío y se sienta junto a la ventanilla. 
Por el cristal ve pasar, casas, árboles, coches, bicicletas, perros, niños, ancianas. A cada uno le pone un nombre, inventa una historia. Tiene un don inusual y prodigioso. 

















Pero cuando baja y pisa la calle, todo lo que ha creado, desaparece, ya no podrá recordar cada una de las vidas que ha imaginado, sólo el movimiento le da la llave que articula su mente.

Para mantener ese don, ha de viajar eternamente.







Fotos y texto, Virgi
(Görlitz, Dublín, Edimburgo, Lucca, Arezzo)

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Confianza



Amanece y las nubes dicen que hoy lloverá. 
Ajeno a los anuncios, se viste ropa ligera y sale a la calle. 
Hace frío y del cielo gris caen unas gotas. Su misión ya sabe cuál es, ir a contracorriente, no puede fiarse sólo de indicios como hacen los demás. Su piel le dice que hará calor y allá va, protegido con sus creencias.
Cuando en la esquina un chaparrón casi lo tumba, sigue impávido, sin arredrarse, bien se habla a si mismo de que todo son apariencias.
En la siguiente manzana intenta saltar un vado, pero resbala y se cubre de fango. Una vez más, continúa con la cabeza alta, entre paraguas, impermeables y charcos cada vez mayores. 
Su seguridad lo lleva al borde del barranco, donde ya corre un buen caudal. Sonriente, ninguna señal es suficiente. Como un niño sin conciencia, baja una veredilla y se acerca a tocar el agua. Sonríe, ¡bah, un hilo apenas!

Nada lo salva, el agua lo engulle mientras su confianza se ahoga entre el barro, las piedras que rebotan y el agua tumultuosa.


Fotos y texto, Virgi

martes, 11 de noviembre de 2014

domingo, 2 de noviembre de 2014

Propósito

Miras a un lado.




Miras al otro.




Sólo por sentir su piel
de algodón y nieve,
quieres alcanzar las nubes.




Aún no sabes
que todas las salidas
están tapiadas.



Fotos y texto, Virgi