lunes, 2 de diciembre de 2024

 

¡Wau, menudo sorpresón de categoría!

 

Microtextualidades, Revista Internacional de microrrelato y minificción ha tenido la gentileza de volver a publicar dos de mis micros (con fotos incluidas) en su última edición, nº 15, nov. 2024. 

Una revista electrónica con mucho prestigio, de periodicidad semestral y que publica colaboraciones científicas de especialistas nacionales y extranjeros/as en torno al microrrelato y la minificción.

 

En verdad, una enorme satisfacción, muchísimas gracias.








sábado, 30 de noviembre de 2024

Inconsciencia


 El pato no sabe que nada sobre una obra de arte.




Texto y foto, Virginia

viernes, 8 de noviembre de 2024

Diálogo III

 



- Descansaré un rato, que no me molesten.

- ¿Cierro la puerta? 

- Nooo, el ruido de la gente es lo que me hace dormir y soñar.

- ¿Y con qué sueñas?

- Que duermo al borde de la calle.






Texto y foto, Virginia

domingo, 3 de noviembre de 2024

Diálogo II

 



 

-       Te dije que apagaras la luz

-       Sí, lo hice.

-       Entonces… ¿esa luminosidad?

-       Esa no se puede apagar, viene de lejos y va muy rápida, es autónoma, lo alumbra todo y saca los matices más inverosímiles.





Texto y foto, Virginia

 

martes, 29 de octubre de 2024

Diálogo I



 

- ¿Qué me decías de un cielo azul cercano?

- Que entré en una habitación abandonada y toqué un pedazo de cielo.

- Jajajaja…menuda estupidez, no hay cielo en la tierra.

- Eso es lo que tú piensas, pero el cielo puede estar más cerca de lo que crees, sólo hay que abrir los ojos del alma para ver un cielo azul y sin mácula.



Texto y foto, Virginia

 

 

 

 

 

 

domingo, 27 de octubre de 2024

Poderío


Como lámparas colgando del techo 

acompañaban al farol 

haciendo más luminosa la cueva, 

reverberante de blanco.




Texto y foto, Virginia

miércoles, 2 de octubre de 2024

La sábana de mi madre

La sábana que me regaló mi madre hace más de tres décadas, se ve zurcida, bordada, recosida.

A pesar de la fragilidad, pues cualquier roce la quiebra, es mi favorita. No aguantará mucho, pero cuando la pongo pienso en mi madre y en los tiempos en que se usaban para remendar otras, partirlas en trozos y en tiras, disfrazarse de fantasma o tapar un espejo cuando los relámpagos andaban cerca. Al cubrirme con ella, me vienen historias de infancia, lluvia, colorines, parchís, noches de frío, gente pasando por la calle mientras la cama me protegía como una cueva primitiva.

Sábanas así ya no las encuentro, por eso la conservo, bordada con puntadas de colores como un cielo a punto de resquebrajarse. 

Mi gato no conoce esas historias, pero con su olfato especial algo debe oler que lo lleva a dormir sobre la sábana de mi madre con la misma placidez con que se embelesaba la niña que fui.




Texto y foto, Virginia