jueves, 10 de octubre de 2013

Extravío




Acostumbrada a vivir lejos de todo y con lo mínimo, la vida le resultó cuesta arriba cuando se hizo famosa. Y todo por relatar sus memorias a un viajero curioso. 

A partir de ahí ya no supo saborear las constelaciones, recoger agua del manantial o darle de comer a las gallinas. Su vida se convirtió en un revoltijo de emociones donde le fue imposible encontrar el comienzo ni el final.
Sólo el viajero tenía la llave y nunca volvió.


 Fotos y texto, Virgi



sábado, 5 de octubre de 2013

martes, 1 de octubre de 2013

Gatos



Un frontón particular

  


Un ventanuco siempre cerrado





La prohibición, que, de tan clara, parecía imposible


 

Allí vivía la anciana, rodeada de gatos, decenas de gatos. No le importaban los maullidos, los gatos eran dueños y señores. De niños no quería saber nada, incluso, una chiquilla que le hacía los recados, pasaba desapercibida entre bigotes, zarpas, ronroneos y orejas puntiagudas. Un día murió la vieja dejando en su testamento que ni enterrada ni incinerada, que la niña encerrara  a los gatos con su cadáver para que la devoraran.

Y así fue. Hoy la casa, toda ella, maúlla algunas noches y ya ningún niño juega cerca, las pelotas corren en otras plazas, ni hay quien abra la ventana.  El letrero sí, sigue en pie, pero nadie se atreve a desafiarlo.





Fotos y texto, Virgi

lunes, 23 de septiembre de 2013

La sal







  _ Cuando se llegaba a estos antiguos refugios, con certeza habría sal en algún rincón. Una tradición que se mantiene y que vamos a comprobar. 

Una pequeña frase que me dejó una huella profunda.
Allí estaba. La sal ancestral, la sal del mar, la sal como un talismán que recorre el tiempo y las generaciones. Aquella sal del salario romano, la sal de las minas, la sal de los intercambios, los rituales y las monedas.  La sal.



Después de caminar sobre un río de lava, un barranco con chavocos arenosos y un espacio de lapilli rojo, ocre y blanco, llegamos a los corrales de los antiguos cabreros, reminiscencia de aquellos pastores guanches que recorrían la isla de mar a cumbre.






 









Y sí, allí estaba la sal. 
Con la emoción de ser testigo de un rito cotidiano y a la vez ancestral, la tocamos, la olimos y la volvimos a dejar en la piedra, a la espera de un fuego y una brisa. 




                         Para Carlos, Juandi, Érika.
                                      Gracias.


                         Y Adal, tan lejos y tan cerca.




Fotos y texto, Virgi
 


 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Plan azul (o casi)

Primero se deslizaría hasta el tejado


 


más tarde, podría colgarse de la cruz

 

o balancearse entre las ramas



Como colofón, 
allí estaban las grietas, 
el escondite perfecto.


Fotos y texto, Virgi 


Grietas no, dolorosas cicatrices aquí.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Variaciones

En la barra


Se acerca a la barra, coge un par de servilletas de papel y se frota los labios con vehemencia, acaba de pelearse con el novio y no quiere ni rastro de sus besos.   
Para su asombro el papel tiene trozos de lengua y de dientes. Es lo que tiene la pasión, nos despedaza sin darnos cuenta.







Se acerca a la barra y ve a un vaquero. Imposible, no está en una del Oeste.

Para no desentonar, pide un whisky y por el otro lado aparece un indio.

No ha acabado aún la bebida y entra el sherif.
En medio de tanto barullo, se despierta, justo están apagando las luces de la sala y los créditos son como graffittis recién borrados.





Se acerca a la barra y pide un vaso de sifón.

En las ínfimas burbujitas, cree ver todo un mundo.

En una un bosque, en otra un barco velero, en la más grande, un trozo del Amazonas y en aquella que acaba de brotar, un friso del altar de Pérgamo.

Cuando las burbujas se acaban, vuelve a la oficina, ya no le hará falta irse de vacaciones.






Se acerca a la barra donde una anciana lee el periódico. Ella lo mira y lo identifica, a pesar de la gorra, el bigote postizo y la bufanda. La mujer se aleja y él, impávido, recoge el periódico y sigue leyendo sobre el atraco. 
Más allá, la anciana logra quitarse la peluca, el pañuelo anudado al cuello y las gafas oscuras. Se han reconocido, pero ninguno sabe cuál de ellos mató al cajero y se llevó el botín.


Se acerca a la barra y la mujer sonríe a través del espejo. Hermosa y sensual, le guiña un ojo cargado de rimmel. Decidido a afrontar la aventura del día, pide un vaso de agua, ya ha bebido bastante alcohol desde que se despertó. Luego pide otro y otro.
Cuando se acerca, el espejo se quiebra, tendrá entonces que enfrentarse a la mujer de verdad, pero no sabe si el agua lo habrá dejado suficientemente limpio como para empezar de cero.




Fotos y textos, Virgi




 

lunes, 9 de septiembre de 2013

El Hierro


























 









Para Marieta



Fotos, Virgi