En la barra
Se acerca a la barra, coge un par de servilletas de papel y
se frota los labios con vehemencia, acaba de pelearse con el novio y no quiere
ni rastro de sus besos.
Para su
asombro el papel tiene trozos de lengua y de dientes. Es lo que tiene la pasión,
nos despedaza sin darnos cuenta.
Se acerca a la barra y ve a un vaquero. Imposible, no está en
una del Oeste.
Para no desentonar, pide un whisky y por el otro lado
aparece un indio.
No ha acabado aún la bebida y entra el sherif.
En medio de tanto barullo, se despierta, justo están apagando las luces
de la sala y los créditos son como graffittis recién borrados.
Se acerca a la barra y pide un vaso de sifón.
En las ínfimas burbujitas, cree ver todo un mundo.
En una un bosque, en otra un barco velero, en la más grande,
un trozo del Amazonas y en aquella que acaba de brotar, un friso del altar de
Pérgamo.
Cuando las burbujas se acaban, vuelve a la oficina, ya no le
hará falta irse de vacaciones.
Se acerca a la barra donde una anciana lee el periódico.
Ella lo mira y lo identifica, a pesar de la gorra, el bigote postizo y la
bufanda. La mujer se aleja y él, impávido, recoge el periódico y sigue leyendo
sobre el atraco.
Más allá, la anciana logra quitarse la peluca, el pañuelo
anudado al cuello y las gafas oscuras. Se han reconocido, pero ninguno sabe
cuál de ellos mató al cajero y se llevó el botín.
Se acerca a la barra y la mujer sonríe a través del espejo.
Hermosa y sensual, le guiña un ojo cargado de rimmel. Decidido a afrontar la
aventura del día, pide un vaso de agua, ya ha bebido bastante alcohol desde que
se despertó. Luego pide otro y otro.
Cuando se acerca, el espejo se quiebra, tendrá entonces que
enfrentarse a la mujer de verdad, pero no sabe si el agua lo habrá dejado suficientemente
limpio como para empezar de cero.
Fotos y textos, Virgi