Ufano, ni el hociquillo se le adivina.
Sale por la izquierda, se va de la escena donde alguien lo sigue.
Languidece la tarde y las uñas le crecen entre los rastrojos.
El ocaso es azul
azul
azul
como el espejo irisado del mar lejano.
No ha visto el niño al león en la sabana, no.
En su fuero interno sabe de su cola, de sus garras de fiera y de su melena al viento. Antes de que caiga la tarde, el león, paso a paso, entre las yerbas, dejará las huellas sobre el papel donde un niño pinta y caza al rey de la selva.
En su fuero interno sabe de su cola, de sus garras de fiera y de su melena al viento. Antes de que caiga la tarde, el león, paso a paso, entre las yerbas, dejará las huellas sobre el papel donde un niño pinta y caza al rey de la selva.
Con su andar firme, el león lo mira y aprueba la cacería.

Dibujo de D. G., 6 años

