Romeo tiene muchos recursos. Es joven, ágil y no tiene miedo. Si la familia de Julieta cerró el balcón, ya sabe por dónde ha de entrar.
Texto y foto, Virginia
Romeo tiene muchos recursos. Es joven, ágil y no tiene miedo. Si la familia de Julieta cerró el balcón, ya sabe por dónde ha de entrar.
Texto y foto, Virginia
Llegamos al mediodía, nadie nos recibió, sólo vimos unos gatos echados a la sombra de un pequeño olivo, en una esquina del patio.Nos pareció una fortaleza de alguna película, un decorado reciente esperando por el rodaje.
Al atardecer, de los huecos comenzó a salir un rumor musical, una canción ininteligible pero de una placidez asombrosa.
Pasó la noche, seguimos sin ver a nadie. La soledad también nos acompañó al amanecer y, mientras recogíamos nuestros pertrechos, los gatos se asomaron a los huecos, maullando tan angelicalmente que supimos eran sus voces las que habíamos oído. Seguramente eran ellos también los que cuidaban del lugar, por algo se llamaba el Castillo de los Gatos.
Texto y foto, Virginia
Fortaleza en Túnez
Este no era un pez como otros. No. A él no le gustaba el agua, quería tierra, madera, ocres, tejas, calor, nada de azules ni verdes. Nadando sobre una puerta era feliz. Y se maravillaba cuando una mano agitaba el llamador.
Texto y foto, Virginia
Puerta en Túnez
Viví unos años en un país de lengua extraña y signos indescifrables. Sólo pude aprender algunas palabras, todavía recordadas. Era difícil comunicarse y aun así tuve relación con un vecino que casi no hablaba. Yo, por ignorancia y timidez. Él, tanto por su carácter, como por un complejo de joroba que intentaba disimular con un aparatoso abrigo.
¿Qué nos unía, entonces? La contemplación del mar. En esos momentos, el horizonte se nos acercaba y fluía una conversación tan inusual como prolífica. Hasta que un día, inesperadamente, me mostró la aleta caudal que le recorría la espalda. No pude menos que descalzarme para que viera como mis pies se iban palmeando como remos. A partir de ahí, el diálogo se enriqueció y el mar fue nuestro.
Texto y foto, Virginia
Muy contenta y orgullosa de leerme una vez más en una Antología de microrrelatos. En este caso en "Del otro lado del laberinto", bajo la coordinación de Lilian Elphick y acompañada por un numeroso personal de este género, escritoras y escritores valiosos y reconocidos.
Muchísimas gracias, Lilian. A ti, a tu equipo y a la revista Brevilla, que, con tanto acierto y dedicación diriges.
Mi libro sobre La Gomera lo presentamos en dos lugares de la isla.
El 23 de enero en Playa Santiago, con el mar sonando detrás y un ambiente atento y acogedor delante. Ahí me acompaño muy generosamente José Luis Hernández.
Tres meses después y con motivo del Día del Libro lo hicimos en Agulo, con motivo de las fiestas patronales en honor a San Marcos. La presentación corrió a cargo de Puri Gutiérrez, inmejorable Maestra de Ceremonias. En las primera filas los niños y niñas del pueblo, orgullosos de su librito sobre la muy interesante tradición de las hogueras que se realizan en estas fiestas.
Gracias a los Ayuntamientos de Alajeró y Agulo, gracias a la Librería Gara, gracias a José Luis y Puri, gracias a la gente que me arropó, un orgullo y una gran satisfacción.