Gris
Las chimeneas han quedado atrás, ¿para qué volver la
vista? no es ese el paisaje de tu vida, ni el aroma que te envolvía de pequeña.
El ascenso hasta el lugar donde reposarás el momento justo de quitarte las
medias, es largo y pesado.
Por el camino piensas en tus padres, lejos de los prados
de la dulce Escocia, en el celeste firmamento sin nubes, en los riachuelos
bordeados de chopos, donde jugabas a perseguir ranas, las ruinas de las colinas
en lontananza y unas gaitas resonando en tu corazón.
No es tarde aún para salir de nuevo, pero todo queda
lejos, los parques y las plazas, las amigas de la fábrica, las tiendas donde
distraer la mirada y el pensamiento. Ese camino de retorno a casa es gris, como
el humo lejano. Como es gris el abrigo con el que llegas y te vas, cada día,
cada día.
Kurt Hutton te esperaba a la vuelta, para dejarnos
constancia de la calle vacía, de tu pelo en la brisa y de la luz mortecina. Tú
lo miras y continúas, nada significa un hombre con su cámara, no sabes que él
te ve como un resplandor de belleza entre la maraña gris de rutina.
Kurt Hutton recibió en 1937 el encargo de fotografiar lo
que unos años antes George Orwel había escrito acerca de su recorrido por Wigan
Pier y que plasmó en un extraordinario libro (El camino a Wigan Pier), donde
describe las duras condiciones de la clase trabajadora en esa zona industrial,
al norte de Inglaterra.
Gracias a Pluvisca, que, con su blog “Gozar con la
mirada”, nos muestra la belleza inagotable del arte y la capacidad infinita de
los artistas.



