Se niega la primavera a irse. Sus flores cubren un suelo de verano y los troncos de los árboles emergen como mástiles de navíos semi hundidos. Una mariposa sobrevuela el tapiz, ignorando que no queda polen que libar, el color le basta. Igual para mí, que recojo un puñado de rojos y amarillos y me hago un collar, tan efímero como la mariposa que aletea en mi asombro.