domingo, 15 de marzo de 2009

Leer, leer, leer

Cuando la literatura te cautiva, sientes que algo en ti se expande, y no quieres, y a veces tampoco puedes, dejar de leer. Así, cuando encuentras algo como este trozo de "Todos los
hermosos caballos" (Cormac McCarthy), quedas ya prisionera de ese espacio, de esos personajes...

"; montaba más que bien, erguida con sus anchos hombros sobre el caballo al trote por la cuesta del camino. El mesteño se había detenido, indolente, en el camino con las manos separadas y él la siguió con la vista. Casi había intentado hablarle pero aquellos ojos habían cambiado el mundo para siempre en el espacio de un látido. Desapareció detrás de los sauces del lago. Una bandada de pequeñas aves remontó el vuelo y pasó por encima de él con débiles llamadas."

2 comentarios:

edgar dijo...

Pues si te gusta Mc Cormac, estamos en la onda.Esos paisajes del oeste americano se ven entre las líneas de sus libros, acompañando a la soledad del hombre.

Virginia dijo...

Efectivamente, McCormac te transmite muchas sensaciones y es una gozada leerlo. Saludos.