Por más que me empeñé, el espejo no me devolvió ni un pequeño retazo de que alguien se hubiera mirado en él. Me había pasado otras veces, pero ahora fue imposible, hube de recomponer algo de aquellas gentes a través de vasos, platos, asientos, maderas sucias. Sólo la luz me envió una señal, que lo dejara todo tal como lo había encontrado. Me fui de puntillas.
Texto y foto, Virginia