sábado, 22 de abril de 2017

Añoranza

Yo vivía en los suburbios.
Todo eran gritos, botellas rotas, crímenes, abusos, palizas, drogas, robos. Allí dormía plácidamente.
Ahora no consigo conciliar el sueño, me atormenta la sangre, un cuchillo afilado, una sierra eléctrica.

Duermo con un ojo abierto, cualquier ruido dispara mi mente y sólo me tranquilizo cuando oigo los pasos del carcelero.





 Texto y foto, Virgi

Fascinación

En el colegio lo apodaron “el Bichos” porque cada día traía alguno a clase, como aquella vez que nos mostró una sutil telaraña colgando de las gafas o cuando paseó un escorpión sobre los hombros.
Otro día nos enseñó como en su estuche, en vez de lápices, afiladores y gomas, vivían unas enormes hormigas rojas a las que daba trocitos del desayuno.
Las orugas de los jardines no tenían secretos para él, los grillos frotaban los élitros para saludarlo y hasta las ambarinas cucarachas lucían tiernas en sus manos. 
Como era de esperar, se hizo un entomólogo famoso, recorrió selvas y estepas, montañas, sabanas y bosques. Fue a morir cruzando una calle, deslumbrado por unas luciérnagas inmensas, que no supo identificar bien y que no figuraban en sus numerosos tratados sobre insectos.



Texto y foto, Virgi

Despaisaje


Se cargó una ola al hombro 
y el mar ya no fue el mismo.



Texto y foto, Virgi

viernes, 21 de abril de 2017

Malabarismo


Quiere aterrizar entre las flores, pero el camino no es fácil, bien lo sabe; además, está colgando al otro lado, tanto de la luz como de la sombra, y los puntos intermedios siempre son peligrosos.



Texto y foto, Virgi



miércoles, 19 de abril de 2017

Cicatrices de ida y vuelta



Se fue jurando no retornar, estaba harto de los gritos y las peleas, de las discusiones y los portazos. En la lejanía de un país sin nombre, encontró la ternura que no había conocido. 
Hasta que un día, mezclada la nostalgia con el deseo de verse en el reflejo de su infancia, volvió.
Allí seguía, destartalada, la casa y sus recuerdos. La aldaba que tocaba el cartero anunciando las cartas del padre, el espejo donde su madre se veía por las noches, antes de salir con las zapatillas desgastadas y los labios excesivamente rojos. Más allá, la mecedora de la abuela, único ser tranquilo en medio del desastre. En un armario desvencijado encontró las revistas de cine que hipnotizaban a su hermana mayor, la que huía casi cada noche para encontrarse con el actor más guapo del pueblo.
Y en medio del pasado, el perro de trapo que lo consolaba y que jamás le ladró.
Cerró la puerta sabiendo que ya no regresaría. El recorrido le supo amargo, solo recogió aquel peluche de la infancia, lo único que no tenía cicatrices.





Texto y fotos, Virgi

domingo, 16 de abril de 2017

Confluencia



En la creencia 

de que aún faltan 
como setecientas secuencias para encontrarse, 
la vida, osada,  quiere sorprenderlos.




Texto y fotos, Virgi

viernes, 14 de abril de 2017

Signos de vida



Caminar, pasear, la lluvia, el barro, las plantas, algún animalillo, el orden, la mañana, frío, piedra, madera, el tiempo, mimo, el aire, limpieza, naturalidad, alegría, calma, las labores, el agua, el sol, la familia, ocio, calor, los ascendientes, flores, el descanso, lo mínimo.



Santa Pau, Gerona, abril 2017

Foto y texto, Virgi

martes, 21 de marzo de 2017

VOCES XXI




Con el abanador de mi abuela, unas cholas bien fresquitas y la camisola de los tiempos calinosos, me fui al caidero, barranco abajo… ¡en mala hora, cristiano, una filera de atorrantes se me había adelantado! Yo que esperaba estar solita en el chavoco bien requintado de agua, y van los majalulos aquellos a fastidiarme la idea. Uno, con un balango, intentaba coger una lisa de debajo de algún tenique; una parejita más allá, bien arrejuntadita,  besuquiándose con tal maña que hasta vergüenza me daba. Otro par d’ellos, empurrados en el agua haciendo parigüetas. Y varios bagañetes , tirados al solajero, como si el mundo se fuera a acabar y ellos ya lo tuvieran todo hecho.
Y yo allí, haciendo el toti, ganas de coger unos toscones y ajeitarles un mamellazo, pa’ que aprendan a comportarse. Bien amulada, les alegué un rato, pero los singuanguos ni apenas me hicieron caso; arrentita, volví a mi echadero, no me quedó magua, la verdad, de pensar lo calduchenta que estaría el agua.



 Texto y fotos, Virgi
       

jueves, 16 de marzo de 2017

Montaraz


Con la brújula en la mano y un croquis en la otra, el excursionista no encuentra el camino, se ha perdido en la ciudad y no sabe orientarse, lo suyo son los prados, las veredas antiguas, los senderos de montaña a montaña. Cargado de mochila, salacot, botas, cantimplora, bastones, va de calle en calle buscando la salida. 



No identifica los semáforos, los pasos de cebra ni los raíles del tranvía; los códigos urbanos no figuran en sus mapas.

Se coloca en una esquina y aguarda el movimiento del sol, es posible que el astro le ayude mientras a su alrededor la gente lo mira, incrédula: los carnavales ya pasaron y ahí está un trasnochado haciendo el ridículo.



Texto y fotos, Virgi

martes, 7 de marzo de 2017

Variaciones en torno a la barra 5


XVIII. Quietud

Se acerca a la barra donde hay un gato ronroneando, enroscado sobre un cojín. Era este el momento soñado, emborracharse junto a cualquier ser vivo que no hable.



XIX. Film
Se acerca a la barra y ve a un vaquero. Imposible, no está en una del Oeste. Para no desentonar, pide un whisky, mientras por el otro lado aparece un indio. No ha acabado aún la bebida y entra el sherif.
En medio de tanto barullo, se despierta, justo están apagando las luces de la sala.



XX. Indecisión
Se acerca a la barra sin tener claro lo que quiere, entre tantas botellas no sabe cuál elegir. Es su primer trago después de la desintoxicación y debe ser exigente, no todos los días se comienza a ser alcohólico.



Texto y fotos, Virgi

sábado, 4 de marzo de 2017

Indicios





Allí estaba su vida, colgada como un cuadro: 
unas tablas cambadas, 
varias grapas ferrujientas, 
y por los huecos, 
el vacío entrando y saliendo. 



Foto y texto, Virgi

viernes, 24 de febrero de 2017

Aníbal Arce, carterista



Anibal Arce iba feliz rumbo a su casa, en la periferia de la ciudad. Prefería darse un paseo tranquilamente, así le daba más naturalidad a su trabajo. Bajo el faldón de la chaqueta llevaba las ganancias de ese día: ciento treinta euros sacados de la cartera de una anciana despistada; un dije con pinta de valioso que le arrebató a un caballero algo cursi,  en la desolada esquina de la calle del Rosal con la de San Martín; el pomo de plata de un señorial bastón con incrustaciones de oro, encontrado en un banco de la placita de Los Sauces. Soñaba con su cercana vejez, y se veía, elegante y dandy, apoyado en un bastón de aristócrata.
Pleno de satisfacción iba, cuando un perrillo vino a tropezar con él, uno de  esos animalitos atolondrados e inquietos, justo en la esquina donde siempre había apostado algún policía que, invariablemente, lo saludaba con educación, no exenta de cierto recelo, vamos, algo normal en su ocupación. Fue así, en un parpadeo, como este respetuoso ladrón entrado en años, y con unas manos harto hábiles, dio con su cuerpo en tierra, rodando con él sus recién adquiridas pertenencias. Volaron los billetes sobre el lomo del can, el dije quedó casi incrustado en las botas del policía y el pomo, el finísimo pomo donde soñaba apoyar su vejez, quedóse encajado orgullosamente en las rejas de la alcantarilla.

Ahí terminó el paseo sereno de Aníbal Arce, a un palmo de las fauces de un cachorrillo inocente.




Texto y foto, Virgi

lunes, 13 de febrero de 2017

Desaliento


Detenido en el umbral, se apoya en una de las jambas, está cansado y olvidó las llaves en un lugar que no recuerda. Piensa cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que alguien le abrió la puerta; ahora solo él está fuera, un sitio que ni reconoce. Dentro, la luna ilumina los espejos mohosos, las motas de polvo danzando sobre el piso, las cerraduras oxidadas. 
Tendrá que volver otro día, cuando le confirmen si en verdad esa es su casa.


 



Texto y foto, Virgi

miércoles, 8 de febrero de 2017

Duda

Le confunden las sombras. 
Unas veces le parecen seguras, otras no tanto. 
Así que las deja pasar, mientras ellas siguen, sutiles, esperando por algún incauto.



Texto y foto, Virgi

domingo, 5 de febrero de 2017

Centelleo






Un fogonazo, una estela en el azul purísimo. La casa se abre y la luz quiebra el silencio, las piedras centenarias, la tea de los suelos, el cañizo amarillento en los techos, los goznes oxidados, el chaplón granítico, las tejas polvorientas, los rugosos almendreros, la era con sus radios perfectos, las vigas, el horno, los dornajos, el lagar, la pequeña fuente bajo la fronda…

Solo queda un rumor leve que viene de lejos, de algún sitio ya perdido que nunca encontraremos.






























Texto y fotos (excepto la de la fuente), Virgi 

Para Gladys Rodríguez, por hacerme llegar el frescor del manantial, gracias.

jueves, 2 de febrero de 2017

Voces XX


¡Menudo un chafalmeja el tortolín este, pues no quería vestirse a la chamberga pa’ dir al curandero! Pues no, mi niño, le dije, usted se me espabila y en un intre lo quiero bien atildado, que esto no es juguete, no se me va de aquí con la ropa champurriada, sino con el terno nuevo, el de las fiestas del Corpus.
Si hasta pretendía cargar con el timplillo, el muy atorrante, se creía que íbamos de belingo con el zangalote del sobrino. Con el tobillo como lo tiene, amochado que está, y aún no coge fundamento.

No sé, no sé que le dirán, pero jaquecoso sí que se pondrá, flaco como un cangallo, carraquiento pa’ caminar y algo atoletado que lo veo (desde que se enfonducó en el chavoco y estuvo un tiempo que no atinaba), a ver que beberaje le dan o que geito le hacen…porque a mi edad, yo también estoy medio abatatada y se me va el baifo sin darme ni cuenta.




Texto y foto, Virgi

martes, 31 de enero de 2017

Turbación


Perdido entre una maraña de papeles, recortes de periódico y notas viejas, alcanzó a ver la foto de aquel amor de tantos veranos, cuando era joven y ella una estudiante de poca voluntad y mucho ardor. Lucía esbelta en la foto, bruñida de caminar al sol y nadar en cualquier agua. Tampoco esta vez supo distinguir si era la misma o su hermana gemela, la que lograba confundirlo en la cama con otras marcas, otros lunares, otras risas.

Tanto tiempo pasado y seguía igual de ingenuo.



Texto y foto, Virgi

sábado, 28 de enero de 2017

Leer, leer, leer XXVIII


“Soy tu hombre"



No podía haber escogido mejor título Sylvie Simmons para escribir sobre Leonard Cohen. Lo leí unos meses antes de su muerte y ahorraba la lectura como un náufrago sobre una balsa que sólo dispone de un paquete de galletas.
La autora, dedicada desde hace tiempo a la crítica musical, hace un recorrido por la vida del poeta y músico y va descubriendo parcelas, no ya nuevas, sino sorprendentes. Yo, que lo he venerado desde que con menos de veinte años escuché las primeras canciones, me asomo a su vida como si fuera la de alguien de mi familia más cercana que hubiera emigrado tiempo ha, con esa mezcla de amor reverencial a los héroes, que aún siendo míticos, creemos que tienen algo de nuestra sangre. Porque esos son los paladines con los que soñamos, los que nos muestran que nos puede unir el líquido vital, sí, pero más allá de eso, están las ideas, los deseos, la manera de llevarlos a cabo, la libertad, el coraje, la lucidez, y en este caso, el espíritu de la palabra vagando sin artificios, entre los trastes de una guitarra y una voz grave y profunda.
Un trabajo inmenso el de esta escritora, relatando la vida y recorrido musical del siempre poeta. Desde su infancia como niño mimado por su madre, bien vestido hasta en los peores momentos, elegante y sensual, mujeriego

“Mi reputación como hombre mujeriego, era una broma que me hizo reír amargamente en las diez mil noches que pasé solo.”

Con la maquinilla de afeitar dispuesta para usarla en los peores momentos, según consejo maternal y que siguió puntualmente en varias ocasiones trascendentales

“Me encontré en el escenario sin nada que hacer o decir, pedí disculpas y me fui al camerino. Mientras, el público, respetuoso, esperaba en silencio. Recordé entonces el consejo de mi madre y me dispuse a afeitarme. Aquello me dio fuerzas y salí nuevamente.”

Cuenta el libro todo tipo de pormenores desde pequeño en el seno de una familia judía acomodada en Montreal (1937) hasta que publica el disco Old Ideas (enero 2012), con el sobrecogedor single Show me the place, tan espiritual como una oración, y tan sencillo como un mantra.

“La poesía es sólo la evidencia de la vida. Si tu vida arde bien, la poesía sólo será la ceniza.”

Las mujeres, los amigos, los paseos solitarios de noche siendo un adolescente, las estancias en Hydra sin luz, solamente con el sol griego iluminando la vida, el amor y la poesía, las actuaciones, las giras, sus estancias prolongadas en templos zen, el momento en que descubre que su manager lo ha desplumado totalmente, el maravilloso discurso del premio en Oviedo…

“Si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y de la belleza.”

Un libro indispensable para quienes  lo llevamos en el corazón:                He’s our man.

Gracias, Sylvie Simmons.



  Texto, Virgi

jueves, 26 de enero de 2017

Felonía


Por la vereda viene llorando una niña. 
Con el trajecillo sucio, acaba de aprender que el bosque es más peligroso de lo que Caperucita le había contado.




Texto y foto, Virgi

martes, 17 de enero de 2017


FUSIÓN
En la ladera de la montaña, existe una cueva que pocos conocen; sólo Toñín sabe de sus bifurcaciones, de su humedad, de las telarañas con la que tropezaba acompañando al padre y a un par de amigos, sombríos, taciturnos, oscuros como aquel espacio tenebroso. Ahora, después de los años, sólo quiere que sus huesos descansen allí, donde los otros, en una amalgama blanca que no entienda de ideas, odios ni venganzas.








FULGOR

Según se acerca, comprueba que no es oro. Ha caminado en su busca, como los viejos mineros del Yukón, y ahora, aquel brillo seductor se le escurre entre los dedos, frío y ajeno.





TOUR

Con delicadeza, revisa las cajas donde guarda los cromos de aquellos deportistas famosos en su infancia. 
En una de ellas, envuelto en un algodón amarillento, el mayor tesoro que conserva: uno de los dientes del ciclista al que se le partió el cráneo, muerto frente a su casa.





Textos y fotos, Virgi

lunes, 9 de enero de 2017

Voces XIX



Desde la pericosa del nisperero lo columbra todo; allí se encuentra segura, aunque algo desarbolada y cancaniando, eso sí, porque ya no es la monifata que trepaba ágil por los árboles. Al menos ahí tiene su rinconcito, aunque luego el afrentoso del primo (¡chiquito macharengo!) le alegue que si no llenó el bernegal, que si por su culpa no pudo echarse un buche fresco, que si está flaca como un calacimbre...en fin, un belillo, el condenado.
Mientras, ella, con su balayo, espera trincar un buen ramillete de nísperos bien acotejaditos y lambuciarlos hasta darse una jartada.
Desinquieta como es, va y se estampa un gajo en todo el cachete por mirar una coruja asocada en las pencas, ¡qué tortolina! Casi le da un fatuto, pero echadilla pa' lante como siempre ha sido, se olvida del totufo, se limpia las bembas, y la primera marañuela que encuentra, se la echa al cogote, allí donde el suéter está medio desvarado.
Camina sobre el granzón, corre por al barrilla y, agoniada porque se hacen las horas, se echa en el catre, aboyada de tanta comilona, sin jilorio alguno ni cosa que se le parezca.






Para Tanci, que me inspira estas cosas nuestras.

Texto y fotos, Virgi