lunes, 22 de mayo de 2017

Visión


Entre la bruma del sueño, accedió a un túnel, bajo la biblioteca de una ciudad desconocida. Cientos de libros fosilizados formaban con sus lomos una bóveda esplendorosa; pudo ver algunos caracteres latinos, otros árabes, algunos hebraicos, cirílicos, chinos. Del lugar fluía un perfume nuevo, un aroma que lo transportó lejos; cautivado, se apoyó en el muro.
Un rayo de luz nacía desde algún hueco, y en él flotaban niños, ballenas, poemas de amor, piratas, historias y guerras, crímenes, pensamientos, naufragios…

Al despertar, sobre la almohada, entre las sábanas, entrevió un rastro que unía palabras, frases, versos, cuentos, libros.
Seguirlo fue la única alternativa que consideró.




Texto y fotos, Virgi

Despaisajes

Despaisaje XV
En una noche sorprendente, se quebró la luna y alumbró un nuevo astro, luminoso como un pequeño sol. Ya nada fue igual, hubo que corregir no solo los manuales de Astronomía, sino también relojes, calendarios, planes, horarios, citas.

Las rutinas de cada día se fueron al traste.



Despaisaje XVI
Anodina iba la bruma, sin rumbo ni querencia alguna, cuando en un recodo del camino ¡flash! el amor de su vida.
Allí sigue, en estado contemplativo.



Despaisaje XVII
Amanecía y se hallaba sola la sombra.
No tardó la luz en darle compañía.



Texto y fotos, Virgi

miércoles, 17 de mayo de 2017

Despaisajes

Despaisaje XI
En la más fértil llanura se aposentó el hombre; poco tiempo hubo de transcurrir para que fuera un arenal baldío.



Despaisaje XII
Se despoja el cielo del azul, del blanco, del gris, del negro nocturno, de los rojos y granates, de naranjas y amarillos. Desea por un tiempo ser verde, como cualquier bosque que divisa desde allá arriba.



Despaisaje XIII
Bajo la lluvia camina la niña con un cazamariposas; una aquí, otra allá, atrapa las mejores gotas y las guarda en la taleguilla que le cruza el pecho. Rebosante, jugará con ellas, diamantes en medio del barro.



Despaisaje XIV
Por una vez –y sin que sirva de precedente- el volcán arroja colibríes, pinzones, jacintos, mariposas monarca, lagartijas, alhelíes, rosas de pitiminí, narcisos, amapolas, abejas… toda una luminosa lava primaveral.


 Texto y fotos, Virgi


Leer, leer, leer XXIX

Pedro Páramo

Juan Rulfo nació en1917 y casi cuarenta años después publica su fabulosa novela, Pedro Páramo, un hito en la Literatura, una obra excepcional, distinta, donde el tiempo y los personajes avanzan y retroceden, mezclando vivencias y sensaciones que pudieran parecer triviales y, sin embargo, esconden amplios significados. En Comala, el lugar al que llega el personaje en busca de su padre, las almas tienen cuerpo y caminan por las calles con la parsimonia de quien sabe que ya está todo dicho y hecho.

Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire. Todo parecía estar como en espera de algo”
“Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza”
“Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire”
 “Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”
“Recuerdo que me vine apoyando en las paredes como si caminara con las manos”
“El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma”








jueves, 11 de mayo de 2017

Despaisajes

Despaisaje VI
En la oscuridad de la noche, el viento brilla y las estrellas soplan con fuerza.

Se han intercambiado los papeles, el aburrimiento puede llegar a límites insospechados.



Despaisaje VII
Cuando se desmoronó el acantilado, las piedras –como pájaros al fin libres- emprendieron el vuelo.



Despaisaje VIII
Obsesionado con ser útil, el iceberg se mutiló durante años para convertirse en cubitos de hielo.




Despaisaje IX
En un arranque muy humano, decidieron las gaviotas tener un islote para cada una -de absoluta propiedad, eso sí-, sin tener en cuenta a dónde irían a parar los náufragos.



Despaisaje X
Era un río tan rebelde que corría del mar a la cumbre. 




Texto y fotos, Virgi

sábado, 6 de mayo de 2017

Despaisajes


Despaisaje I
Se cargó una ola al hombro y el mar ya no fue el mismo.



Despaisaje II
Lleva un trozo de río atado a la cintura y los salmones le brincan por el pecho.



Despaisaje III
Se come la montaña a cucharadas, como un flan; ya no le hará falta escalarla.



Despaisaje IV
Enrolla la sabana como si fuera una alfombra turca, mientras al suelo van cayendo leones, gacelas de Thompson, elefantes, guepardos...



Despaisaje V
Un árbol; otro y otro y otro más. Los ata bien entrampiados y así consigue fugarse de la Amazonía.



Texto y fotos, Virgi

lunes, 1 de mayo de 2017

VOCES XXII



Aquí vamos, timoniando, me dijo.

Lo contemplé cuando se iba, con la camisilla íntica a la del padre, unas lonas del diez (tenía los ñoños pequeños para su tamaño) y una sereta con bubangos, pantanas y ramitos de cerrillo. En el zurrón, medio almud bien calcado de rolón pa’ los conejos; al cinto, la podona por si le cuadraban unas vinagreras pa’ los baifos; el sombrero, adornado con la cinta negra de luto, ya pasmada de tanto lucerío. Y en el bolsillo trasero, un serrote por si ajeitaba cualquier rama que en la vereda le molestara.


El día se estaba embrumando, pero él, de natural bregador y un buen lebrancho, iba ahora algo atrabiliario, enguirrado y con poco abrigo. Según decían, después del padecer que le entró, ya no era el mismo. Enguruñado, con los ojos encuevados, al verlo no se podía pensar en el galletón bien cuadrado y algo jocicudo que enamoriscaba a las pibillas del pueblo.

Estaba jeringado, sí. Timoniaba el día a día sin mucha alegría, “¡malimpriado hombre, aujalá le hagan un rezado y le saquen el maldiojo, o a este hombre no lo cura ni el médico chino!” hubiera dicho mi abuela, con su sabiduría antigua.




 Texto y fotos, Virgi