viernes, 21 de febrero de 2020

Bajo el mismo cielo







Uno de nuestros intereses en la ciudad de Jaipur era visitar Jantar Mantar, el observatorio astronómico construido por el maharajá  Sawai Jai Singh II a principios del s. XVIII. Debió ser este gobernante, además de riquísimo como todos los de su época, un personaje ilustrado, pues la dedicación que puso en esta obra muestra un interés y unos conocimientos que asombran a cualquier visitante y deleitan a los amantes del cielo. Ya había demostrado sus inquietudes unos años antes con la creación de la ciudad, proponiendo un trazado impensable para esos tiempos, de manzanas regulares, calles anchas con aceras, grandes puertas en las murallas que la rodean. Construida según la novena parte de un mandala, también eran nueve -o sus múltiplos- algunos elementos de la ciudad, como el número de planetas conocidos.




El observatorio consta de unas quince edificaciones o gnomones, que permiten calcular horas, solsticios, alineación de planetas, altitud de cuerpos celestes y otras numerosas posibilidades. Todas las construcciones se ubican en un gran patio, que, visto desde lo alto parece un parque de esculturas geométricas, una instalación moderna con trescientos años, un escenario de algún cuadro de De Chirico.
























Uno de los gnómones es el Samrat Yantra, reloj de sol orientado al Polo Norte y que dicen es el más alto del mundo, donde se puede observar el desplazamiento de la sombra un milímetro por segundo.

Otros preciosos son dos cavidades semiesféricas, Jai Prakash Yantra, donde se refleja el mapa celeste, recubiertas de mármol. Alucina que cada una de ellas sea el negativo de la otra y que dispongan de asientos para observar el cielo, mientras se estudia con estos mapas.



Gigantescos astrolabios, planos inclinados para diferentes cálculos, instrumentos para predecir eclipses y saber la órbita de la Tierra. Doce construcciones según los signos del zodíaco, con la posición e inclinación adecuadas para observarlos según la época del año.  Podían servir incluso algunos de estos instrumentos, para predecir la llegada de los monzones, suceso tan vital en la vida de la India.





























La precisión que ofrecen estos aparatos es de un calibre pasmoso, más leyendo que los telescopios que podían conocer en este tiempo eran muy rústicos, lo que demuestra la vocación astronómica del maharajá y su saber exquisito, dado que fue él mismo quien hizo el diseño de las diferentes estructuras. Su afán por estudiar el firmamento lo llevó a construir cuatro más en otras ciudades del país, siendo el de Jaipur el mejor conservado, gracias a dos restauraciones muy respetuosas, la última a principios de 1900. Construidas con piedra o mármol y en algunos casos, recubiertas de bronce, son inusitadamente grandes, para conseguir la máxima exactitud.





Pasear por Jantar Mantar nos ofrece un abanico de sensaciones: admiración, misterio, respeto, magia. Y emoción por sentirnos polvo de estrellas, tal como Sawai Jai Singh II ya pudo intuir hace tres siglos.




Texto y fotos, Virginia