viernes, 3 de noviembre de 2017

El roble




Llovía finamente mientras la noche se alejaba. Salí del albergue y enfilé la senda, dejando atrás el lugar de Roncesvalles, allí donde las crónicas hablan de la emboscada sufrida por Carlomagno después de arrasar Pamplona.
Caminaba yo estrenando mi capa, contenta como cada vez que la lluvia me rodea, con el sonido discreto pero pertinaz de las gotas sobre el bosque y el frufrú del impermeable. Por una vereda estrecha entre la fronda, llena de charcos que debía salvar para no mojar las botas, iba alegre, viendo que en el inicio del Camino me acompañaba el clima apropiado para el momento, húmedo, con niebla y sin frío. El bosque, llamado también “robledal de las brujas”, reunía las condiciones mágicas para el deleite. En estas andaba, sorteando pequeños lodazales y algún tramo resbaladizo, cuando de pronto, a un lado del sendero, en un pequeño claro del bosque, se erguía majestuoso un roble, el mayor de los que había visto, impresionante en su solidez y en la estampa de serenidad que desprendía.


 Me quedé parada un momento, hechizada, tocada por algo que no supe definir, una sensación profunda que me conmovió hasta casi las lágrimas. Allí estaba, uno entre miles, susurrando con sus hojas una canción de vida y naturaleza. Me acerqué tímidamente, con un respeto ancestral, sintiendo que el árbol era más sabio que yo, más antiguo, más poderoso y también más humilde. Acaricié su corteza mojada, apoyé unos segundos la cabeza y me sentí en comunión con un ser a quien veía por vez primera, en medio del verdor y la lluvia, mientras el día clareaba y los peregrinos se empeñaban en su recorrido diario.


Algo le dije, agradecida de su presencia, y seguí adelante, sabiendo que el encuentro me había dado una energía extra. Pasé luego riachuelos y sus puentecillos, un antiguo crucero, prados mojados con vacas y caballos, caseríos adornados de blasones robustos, puertas enormes, más bosques y prados, y al final, entré en Zubiri por el Puente de la Rabia, animosa y segura, sentía que algo del roble venía conmigo, enriquecida de su fortaleza y dispuesta a afrontar lo que el Camino me ofreciera.



Texto y fotos, Virgi


Octubre 2017

20 comentarios:

Ginebra dijo...

Me ha encantado tu encuentro con el gran roble. Lo describes muy bien, porque yo siento más o menos lo mismo o algo muy parecido cuando estoy delante de uno de estos seres ancestrales, porque por suerte me muevo entre ellos con mucha asiduidad y te diré que el respeto y la magia siempre están aseguradas.
Feliz Camino, guapa.
Besos

De barro y luz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
De barro y luz dijo...

Compartiste tu nobleza con el roble... perfecta simbiosis.

Fuerza para el camino!!!

Bss

Genín dijo...

Después de tantas entradas que te he leído sin poder comentar, casi me pierdo el comentar en esta que si se puede, leía en Feedly y a punto estuve de no clicar para ver si en tu blog se podía comentar esta vez, y menos mal que lo hice, así te puedo saludar y desearte buenísimas excursiones, felicitarte de todo corazón por las maravillosas entradas con las que me haces disfrutar tanto, y darte las gracias mas sinceras, guapa :)
La entrada sobre tu padre, me emocionó tanto, no te lo puedes imaginar...
Besos y salud

Juan L. Trujillo dijo...

Siento no poder plasmar en palabras mi admiración por tus escritos y fotografías.
Me que da al menos el regusto de tus "fabla" y el saber, que con frecuencia, me enseñas algo de tu bella tierra.
Besos.

diego dijo...

Virgi! Qué alegría que abras tu ventanica! :) Yo tengo varios árboles emblemáticos, algo he escrito sobre ellos en mi cueva y mi nuevo blog lleva el nombre de uno de ellos :) El más impresionante (o el que más me impresiona) es el árbol más viejo de la Comunidad de Madrid, un tejo (una teja) de más de dos mil años que anda perdido en un barranco de la sierra de Guadarrama, poco accesible, a 2000 metros de altitud. Es impresionante llegar hasta ella y ver como todo el entorno (mágico) está influenciado por su presencia. Si puedes, visítalo. Y como dice Genín, me encantó la entrada sobre tu padre, un tipo de quien has heredado muchas aficiones. Te sigo leyendo en silencio. Un besico.

tecla dijo...

Es una gozada que vuelvas a dejarnos tu ventanica para que aquí en silencio y a solas te podamos contar lo que nos hace sentir.
Me gusta hablar con los árboles y sobre todo escucharles y sentir la música de sus ramas al viento.
El otro día estaba lloviendo y era una gozada contemplar cómo las hojas bailaban con las gotas del agua desprendiéndolas al aire.
Pensamos que el árbol está sujeto a la Tierra y yo me creo que no, que el árbol se pasea a través de sus raíces en busca de lugares donde crecer de nuevo y encontrar espacios ignotos poder soñar.
Un beso.

virgi dijo...

Hola Ginebra. Te siento como un espíritu libre, por lo que entiendo esa relación que tienes con la Naturaleza. Yo también me relaciono con ella, pero ciertamente, el encuentro que tuve con el roble fue especialmente mágico. Me tocó una fibra muy honda.
Un fuerte abrazo, preciosidad, ya pasaré a verte.

virgi dijo...

Bueno, creo que me dio más que yo a él, Luis. Que sepas que me he alegrado mucho de tu visita, aún cuando yo no estoy casi nada o nada por aquí, pues el blog (aunque le tengo un cariño enorme y me ha reportado grandes cosas) me resulta algo lento para publicar y pesado para comentar.
Muy agradecida, tesoro, un fortísimo abrazo.

virgi dijo...

¡Ah, Genín, pedazo de persona que eres! Siempre pendiente, afectuoso y todo un caballero positivo, de veras gracias por tus palabras. Iré a visitarte, espero que sigas en forma como suelo verte. Me llega al corazón que te haya gustado lo de mi padre.
Estoy colgando textos que he publicado en fb (donde si tengo mucha actividad), porque aquí lo tengo fácil para localizarlos y allí es un lío. Entonces he puesto manos a la obra y por eso he colgado últimamente tantos seguidos.
Abrazos, chicarrón, y gracias por tu seguimiento fiel.

virgi dijo...

¡Muy buenas, Juan L.! Considero tus palabras todo un honor, dado lo bien que escribes, muchísimas gracias. Más arriba explico la razón de todos estos textos seguidos.
Que sepas que me he alegrado mucho de verte por aquí, mi abrazo cálido y alegre.

virgi dijo...

Querido Diego, bien sabes! Me encantaría contemplar ese tejo, del que creo haber visto alguna reseña por internet, seguro sería una experiencia preciosa. En Las Cañadas hay un cedro muy antiguo y no he podido aún saber el sitio exacto, tendremos que patear y patear hasta encontrarlo, pero espero conseguirlo. ´
También un placer que te haya gustado lo de mi padre, todo un personaje (mi madre no se quedaba atrás, no), mil gracias y mil abrazos, campeón.

virgi dijo...

Muy querida Tecla, menos mal que nosotros sí nos encontramos por fb. Pero siempre es lindo ver que apareces con tu sensibilidad particular. La verdad es que deberíamos de encontrarnos en algún momento y pasar horas con nuestras cosas.
Deliciosa esa teoría que me explicas sobre la vida de los árboles y sus posibles enraizamientos, eres unas crack, muchacha!!!
Besos, cielo, abrazos y más besos.

Juan L. Trujillo dijo...

Acabo de leer tus Voces XXVII y aprovecho para congratularme de nuevo con ese desempolvar palabras que pueden quedar en el olvido.
Nos queda mucho que heñir, en esa bella tarea.
Besos.

Isabel dijo...

Hola, virgi, me cuesta horrores entrar en facebook, ni siquiera por propio interés, ahora que he publicado. Sin embargo, me encuentro tan a gusto en este tu espacio, tan rico de imágenes y palabras, que me he estado paseando muy gustosamente por toda esta belleza para decírtelo, porque cuando me siento feliz, y aquí lo soy, no tengo más remedio que expresarlo.
Gran abrazo. Y gracias por el bienestar que produces y repartes.

Isabel dijo...

Ah, se me olvidaba, he copiado tu foto, para que si nos vemos algún día y espero que así sea, reconocerte.

ñOCO Le bOLO dijo...

·.
Gracias. Me haces revivir uno de mis caminos.
Revivirlo a través de tus imágenes y tu palabras es todo un lujo.

beso V·E

· LMA · & · CR ·

virgi dijo...

Bonita palabra esa de "heñir", Juan L., me la apunto, no la conocía. Y menos mal que he vuelto, pues no había visto los últimos comentarios, entre ellos el tuyo. Gracias por tu visita, abrazo muy cariñoso.

virgi dijo...

Bueno, pues ojalá, isabel, esa copia que has hecho de mi foto sea un indicio de que nos veremos pronto, cosa que me encantaría. También me guata mucho ponerte por fin cara, iré luego a tu blog a ver lo que tienes de neuvo.
A mí donde me cuesta mucho entrar es en los blogs, ya sabes que por eso no suelo abrir los comentarios.
Besos, abrazos y alegría de verte, mi niña.

virgi dijo...

Ciertamente, Alfonso, fue un momento de lo más especial. Estaba allí, enfrente de mí, tan sereno, tan antiguo, en silencio...y me quedé sobrecogida.
Me alegra esta empatía, bueno, tampoco es tan rara entre nosotros. Y menos tratándose del Camino, ya que tienes bastante responsabilidad de que haya hecho dos tramos.
A ver si lo termino y lo celebramos como se merece.
Abrazo de lo más cariñoso.